ESPAÑA, NIQUI, ÑACA Y… LIBRE.
Ayer, el cantautor Javier Krahe se sentaba en dicho juzgado madrileño acusado de un delito de “ofensas a los sentimientos religiosos” recogido en el artículo 525 del Código Penal reformado en 1995 y sobre el que nadie había sido juzgado hasta la fecha. Junto a él, también estaba la productora del programa ‘Lo + Plus’, Montserrat Fernández Villa, espacio televisivo donde se emitió en 2004 el corto ‘Como cocinar un Cristo’ de Krahe, acusada también por la misma causa.
Para el Centro Jurídico Tomás Moro (CJTM), la organización que acusó a Krahe y a la productora, este juicio es “una verdadera victoria en defensa de la libertad religiosa, por cuanto supone la primera vez que se aplica el artículo 525 del Código Penal” mientras que los abogados de la acusación esperan que este sea “el último juicio que se celebre por motivos religiosos”.
El abogado del CJTM ha reclamado el pago de hasta 400 euros diarios durante 12 meses y la misma cantidad pero durante 9 meses para Montserrat Fernández Villa ya que, en su opinión, se han producido un “escarnio público” con unas imágenes en las que se “cocinaba al horno un Cristo crucificado untado con mantequilla y sobre un lecho de patatas y cebollas”. El juicio ha sido visto para sentencia.
Bonita noticia tomada de Navarra2.com el día 29 de mayo. El blasfemo es denunciado y juzgado junto con todos sus compañeros de fechorías.

Escudo de la Inquisición española
EFE / MADRID El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá, ha arremetido en la homilía que ha oficiado con motivo de los Oficios de Viernes Santo contra la homosexualidad y el aborto, a los que llevan, ha dicho, “la malicia del pecado”, un “engaño” pues “se sirve de la tentación”.
“Quisiera decir una palabra -ha comentado Reig Plá- a aquellas personas llevados por tantas ideologías que acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana. Piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo y, a veces, para comprobarlo se corrompen y se prostituyen o van a clubs de hombres nocturnos. Os aseguro que encuentran el infierno”.
De esta forma, ha querido reflejar esa “malicia del pecado”, que llevó a Jesucristo a la Cruz, y que es “un engaño” porque “se sirve de la tentación”: “somos tentados, el mal se nos presenta bajo la apariencia del bien, promueve nuestros instintos y nos dejamos llevar por la apariencia de bien”. ( 6 de abril de 2012).
El guardián de la fe cuida de sus ovejas, no sea que se le pierdan por entre los faldones de la casulla.
El proceso de Inquisición general (Inquisitio generalis) se llevaba a cabo por el obispo, el inquisidor, o por ambos, y tenía carácter informativo y preparatorio. Tenía lugar cuando circulaban rumores de herejía, cuando el obispo visitaba su diócesis o cuando un nuevo inquisidor tomaba posesión del cargo. Consistía el la lectura de un Edicto General (o Edicto de Gracia), tras el cual, y en un periodo de treinta o cuarenta días, quienes estuviesen implicados en actos de herejía podían entregarse y, sin tener que pagar más que una limosna, podían librarse de penas mayores. A parir del siglo XVI el Edicto de Gracia fue sustituido por el Edicto de Fe:
[...] los edictos de fe [...] constituyen una pieza clave en la creación de la atmósfera inquisitorial. A tenor de un edicto de fe, que excluía ya cualquier período de gracia, toda persona quedaba obligada bajo pena de excomunión a denunciar herejes y herejías que pudieran haber llegado a su conocimiento. Ello creó un clima de delación, desconfianza, terror y mezquindad, verdaderamente injustificables desde la óptica más benigna.[9]
El ”edicto de fe” era una invitación a la denuncia (bajo pena de excomunión) o a la confesión (bajo promesa de trato misericordioso). La denuncia era secreta. La inquisición general podía preceder a la inquisición especial (Inquisitio specialis).
Tomado de cualquier parte. 
He de decir que el Cristo parece el mismo en las tres noticias, en el papel de elemento culinario, en el de juez eterno de pobres descarriados o en el de espejo de la fe.
El maldito blasfemo también se parece , acusado y juzgado por similares crímenes y pecados. Y el obispo ya es un puritito clon de sí mismo.
Habrá que admitir que Julio Iglesias tenía razón, así que esperemos que al acusado no lo acaben quemando en la hoguera y esperemos que no sea homosexual, porque, entonces, al pobre Javier, además de quemarle en la hoguera, le esperan después para requemarle en los fuegos del infierno, por marrano. ¡Huy! ¿He dicho “marrano”? Borradlo, que también queman por eso.
¡Viva el Imperio español!
FATUM
Conocí una vez a una pareja dispar, aparentemente estrambótica…, curiosa de ver, como diría un castizo. Eran muy valientes y se atrevían a intentarlo, a pesar de que lo tenían todo en contra.
Se querían, de eso no había la menor duda. Tanto como para correr el riesgo y decidirse a encarar el horizonte cogidos de la mano, aunque hubiera más rayos y más tormentas que en un salvapantallas de todo a 100.
Y convivieron. O algo parecido, porque en seguida, la realidad de su diferencia en cada minuto, en cada mirada, en cada gesto, los hería. Lo que para uno era necesidad irrenunciable, para el otro era un capricho innecesario. Lo que sinceridad, ofensa para su amado, lo que fidelidad, atadura, lo que compromiso, lazo, lo que estabilidad, rutina.
La gente de la tribu, que a uno le sobraba y le estorbaba, al otro le resultaba tan necesaria como el mismo aire. Uno necesitaba mantenerse libre, otro entendía aquella libertad como un engaño, como una traición. Los rezos de uno crispaban al otro. Los sueños del otro, asustaban al primero igualmente.
Pero siguieron intentándolo, una y otra vez, mientras las heridas y el sufrimiento se iban haciendo, una y otra vez también, más grandes, más dolorosos, más insoportables. La supervivencia de su propia esencia chocaba con el amor enorme que se tenían.
Y no había nada que pudieran hacer. Cada uno era cada quien y el continuo vaivén a que sus vidas y su tranquilidad se veían sometidas, el continuo esfuerzo de tener que entender lo que, realmente, no entendían, el desgaste sistemático de sus propios deseos, la desconfianza, el cansancio, la amargura, la sensación de fracaso profundo e inútil les fue alejando y, poco a poco, se soltaron de la mano, porque se hacían daño, porque les quemaban las palmas de aquel a quien habían amado y, quizá, amaban todavía.
Ahora viven lejos uno de otro, condenados a saberse respirando en alguna parte, quizá al lado de otro, o de otra, que solo es para ellos una anécdota, un marco de plástico de la foto fija de su propIa vida. Probablemente, jamás se olvidarán, porque como decía aquel, no se puede olvidar lo que se ha amado tan profundamente, pero la química del amor no tiene lógica, los ácidos corroen lo que se les pone por delante y no hay ley que impida a un huevo enamorarse de un martillo pilón, por poner un ejemplo. No hace falta que explique el final de semejan te enlace: no queda otra que poner tierra por medio.

PLAN NACIONAL DE REFORMAS DEFINITIVO
Aqui os dejo el nuevo “Plan de reformas definitivo” del señor Rajoy, recientemente aprobado. Calentito y completo. Si tenéis prisa, leed los resúmenes del final: no tienen desperdicio. En resumidas cuentas, como dice Juan José Millás, nos privarán de libertad absoluta para que podamos ser verdaderamente libres. Los procesos regresivos deben de dparecerse mucho a esto. Cualquier día nos despertamos con el taparrabos y la quijada del burro en la mano, bueno, se despierta, porque a la mayoría nos toca siempre agachar el lomo, obedecer y callar. ¿O no?
Plan Nacional de Reformas Definitivo

LA LOBA

No vi rastro de semejante animal en el escenario. A pesar de repetir hasta la saciedad la calidad y la entrega innegable de nuestros actores, ayer, la mujer que durante una época entera llenó los escenarios, los acontecimientos culturales y las noticias de escándalo por innovadora, era una anciana sin fuerzas ya, con una mueca perpetua en el rostro y, a veces me pareció, tremendamente cansada. Las imágenes de Bette Davis en el papel de Regina casi me hacían daño. Esa loba melodramática, malvada, cruel, sucia, obsesionada , sigue viva en el celuloide, pero no la vi ayer, sobre las tablas del María Guerrero.
Nuria Espert, de quien confieso no haber sido nunca admiradora porque percibo en ella, y será mi imaginación, un halo de engolamiento, de ensimismamiento artificial, buscado, ha sido, y eso no se puede negar, una gran actriz, una figura grande, puntiaguda, de nuestra cultura.
Sin embargo, no ha habido nadie a su alrededor que le aconsejara quedarse en las sombras de su propia calidad y su propio trabajo y no tirarse a una piscina llena de tiburones que la miraban escrutando sus rostro, su cuerpo y su voz, buscando el cuerpo, la voz y la fuerza de la mujer que conocieron. La loba se comió a Nuria y lo digo con pena infinita. No hubiera querido asistir a ese acto de canibalismo en mi vida.
No hubo “bravos”, nadie se puso en pie, incluso algún señor, sin educación, se levantó y se marchó antes de que los actores salieran a saludar.
Los demás, estupendos , sobre todo Víctor Valverde, con su voz de chocolate caliente, sus maneras controladas y eficaces y su porte de siempre, fueron arrastrados por el cansancio de una loba malherida, apagaron su brillo y su fuerza para no oscurecer el halo de la primera dama. Y la loba se diluyó entre elegantes vestidos, brillantes diálogos, mensajes eternos y muy poca pasión. El dramón con mensaje socioeconómico bajó el telón. Me pareció que nadie, ni arriba ni abajo, se lo había creído.
No sé cuáles han sido los motivos de esta especie de despedida. Nuria Espert no lo necesita. Nadie puede negarle el trabajo y la entrega de toda una vida.
GRULLAS DE FIN DE SEMANA
“Sí, sí…, yo te conozco. No recuerdo ahora mismo de qué, pero te conozco. ¿No fuiste tú a…? ¿Y a …? Ya me acordaré. Bueno, y ¿por dónde vives?… ¿Cómo me has dicho que te llamabas?”
(No te lo he dicho. Si me conoces, me gustaría que lo olvidaras, no he ido a ninguna parte donde tú estuvieras y desde este momento, me cuidaré mucho de coincidir contigo en ninguna parte. No es asunto tuyo dónde yo viva y tampoco cómo me llame, o me llamen).
Cruel. ¿Verdad? Muy cruel. Terriblemente cruel. Sin pizca de sensibilidad, ni de comprensión. Con ese tono de salvaje cinismo, intentando dejar claro el tema y pillando entre las garras a la víctima propiciatoria.
Esas aves rapaces pululan por el éter ambiente como lechuzas viejas y enormes, aleteando sigilosamente, cazando lo que pueden sin hacer ascos a un ratón o un topo, tanto les da. Se apoderan de toda la información que cazan al vuelo, la traen y la llevan, sin otro tema sobre el que descansar sus uñas y pezuñas. Cotillean de todo, saben de todos y de todas, hacen cábalas, suponen, dan tres cuartos al pregonero y, si te andas lenta, se te meten en el coche y te utilizan de taxista, por la patilla. 
Dejo en el segundo párrafo el antídoto. No es fácil de utilizar, pero es definitivo. Aviso de que tiene efectos secundarios, a no ser que se utilice pegado a la oreja de la grulla y se oculte después con total rapidez. Buena suerte.
LA MUERTE DE ANTONIO TABUCCI
Confieso que leí su novela casi por casualidad, hace muchos años. El título ya me mosqueaba, pero aquella portada de Anagrama, con el actor italiano Marcello Mastroianni gordo y sudoroso, nada atractivo y con la chaqueta a la espalda, me llamó la atención.
Al principio, no se nota, pero luego, poco a poco, sostiene Pereira que todo el libro es una de las más terribles y enternecedoras historias de vida y despertar, de muerte y valor, de sutil encuentro con el interior, sin aspavientos, heroicidades, sangre ni alharacas, de algunos hombres, y mujeres, que vivieron en un mundo que cercenaba el aire casi sin darse cuenta, que acogotaba el entendimiento, que llegaba a l pecho cuando los pulmones ya no eran capaces de tomar aire para correr, mucho menos, para luchar. El Portugal cercano y vecino, en todos los aspectos, en plena dictadura de Salazar, la soledad del hombre maduro, en soledad elegida, en paz conseguida y, sin embargo, capaz, pausadamente, de elegir el camino más áspero, más peligroso, menos apropiado para dormitar, me sedujeron. El aire dulce y pausado de las dictaduras de bizcocho es común a muchos pueblos. Los hombres que son como son, sin más aspavientos, no.
PIEDRAS Y POLLOS PASADOS POR AGUA…
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INFIELES
En promedio, las estadísticas de infidelidad aseguran que el 60% de los hombres son infieles, y que el 40% de mujeres les sigue los pasos. Para Sexole, el primer estudio sobre conductas y preferencias sexuales de usuarios de Internet en España, las mujeres son más infieles que los hombres (50% frente al 44%) y también más apasionadas: un 65% exterioriza más las emociones en el momento del clímax, frente a un 27%. El estudio de Journal of Couple and Relationship Therapy asegura que entre un 45 y un 55% de las mujeres casadas son infieles…
Podemos encontrar párrafos como el que antecede en todas partes. Desde el INE hasta el último blog de psicología, o de andar por casa. No concuerdan. No hay posibilidad de reconocer claramente dónde está el problema, el tanto por ciento ineludible, la razón de peso, la verdad, en suma, aunque la estadística no sea verdad casi nunca.
Los sexólogos y los moralistas dan vueltas al tema desde que existen; los demás, también. Porque no tiene sentido. Ningún sentido. Dos adultos deciden establecer un vínculo íntimo, un pacto personal, de cara al futuro, sin condicionantes previos, sin amenazas, por pura voluntad de convivir. Y, acto seguido, se engañan con terceras personas. Conviven a ratos con otros adultos que, a su vez, engañan a aquellos con quienes establecieron vínculos de intimidad.
Las variantes son de locos: casados con solteros, separados con separados, viudos con casados, casados con casados. Y todo, por qué. ¿Por miedo a perder lo que se tiene? ¿Por miedo a perder la honra, los hijos, el bienestar?
¿O es que simplemente nos aburrimos con el mismo, o la misma, y necesitamos cambiar de vez en cuando con gente que no nos importa, pero nos divierte? Lo cual no significa que no queramos mantener el pacto previo, solo entretenernos.
Pero hay más. Gente que se mantiene fiel a los muertos, a su muerto o muerta. A quien todavía no ha aparecido por su vida o a quien ya no forma parte de ella. Otros, sin embargo, engañan por sistema antes, en medio y después de cualquier relación y son capaces, sin que les remuerda la conciencia por ello, de arrodillarse suplicando el perdón mientras mantienen relaciones, de tipo variado, con terceras personas y no tienen intención ninguna de abandonarlas.
Hay quien no ve traición ni engaño en las relaciones sexuales con terceros, aunque no tiene demasiado sentido entonces que las oculten. Hay quien siente que le engañan si no le dedican en exclusiva todos los pensamientos y las miradas, aunque ellos no correspondan con la misma actitud. Hay quien siempre está de caza, casado o soltero, por muy estable que sea su relación de pareja. Hay quienes, y las he conocido, conviven durante toda su relación matrimonial con la foto y el recuerdo del novio del pueblo o del pescadero del mercado donde hacen la compra durante toda su vida. Sin pestañear. Algunas mujeres guardan siempre en el recuerdo a aquel príncipe azul que se esfumó y lo comparten, de mejor o peor gana, con el marido de turno. Ellos, a menudo, no guardan recuerdo de casi nada: nunca saben de quién se les habla cuando se les pregunta por esta o aquella otra a la que miraban, llamaban o requebraban en tus propias narices.
En fin, parece que los hombres y mujeres necesitamos jugar con muñecas y muñecos mientras llevamos a cabo nuestras obligaciones sentimentales por pacto previo. Parece que ambas cosas nos resultan necesarias y gratificantes y, por lo tanto, no se entiende que esa figura tripartita no se haya instalado en nuestra sociedad como una alternativa tan digna como cualquier otra. Mi esposa y mi muñeca de cuando la primera se va a ver a su madre. Aquí, mi marido y, al lado, mi muñeco de las sobremesas, de cuando él se queda a hacer horas.
Y todos tan contentos, sin necesidad de engañarnos, de escondernos ni de inventar tantas mentiras, grandes y pequeñas, que el agotamiento mental nos traiciona continuamente. Quién te ha dejado ese mensaje. La muñeca. Qué vas a hacer mientras voy a ese congreso. Me voy a la playa con mi muñeco.
Porque lo repugnante de todo esto es la mentira. Y el cansancio que produce: hay que imaginar cuál es el tanto por ciento de infidelidad que te corresponde, la cantidad de cuerno que llevas ya criado, los que te quedan por soportar, los que tú puedes poner, lo que tienes que decir, lo que tienes que callar… Vamos, que a cierta edad ya no merece la pena. ¡De ahí el auge del tupper sex!








