VÉRTIGO

Eso es lo que tengo. Un vértigo infinito, muy parecido al que sentía no hace tantos años, cuando sabía que la historia de mi país no volvería ya a ser la misma, cuando sabía que, como una hormiga prácticamente invisible, formaba parte del ejército de gentes cuya infancia y juventud estaban separadas radicalmente por el vacío de vértigo y de esperanza que estaban viviendo. El miedo asomaba a los ojos de los que nos mirábamos como si estuviéramos borrachos, preguntándonos si era posible que aquello, que parecía un sueño, estuviera sucediendo: entre 1975 y 1978, los jóvenes españoles comíamos y bebíamos  de esperanzas, de dudas, de críticas, de miedos, de incertidumbres, de pasiones. El mundo en que se nos había educado de silencio y sombras  se caía hecho pedazos, no sin peligro de cortes mortales y hemorragias, a nuestro alrededor. Respirábamos libres, estábamos contentos y esperanzados. Sin haber vivido la guerra como protagonistas, sabíamos lo que era una dictadura maquillada, apestosa por dentro, encubierta, pero cruel. Ahora, ya no había nada que temer.

Los países de Oriente Medio, los del Magreb, África y Asia ya, protestan contra sus tiranos, se tiran a la calle luchando contra los sistemas que han gobernado su mundo durante decenios. ¿De dónde han salido sus líderes? ¿De dónde nace su fuerza? ¿De dónde su esperanza? Los mismos líderes que ahora aplauden su valor, sujetaban no hace unos días las manos teñidas de sangre, en muchos casos, de sus opresores, amigos de Occidente, temidos por Occidente, tolerados por occidente.

Los que protestan, fe y pasión. ¿A dónde van? ¿Cuál será el final de esta enorme aventura de la historia? Siento vértigo y miedo. Siento que de lo que allí ocurra, dependerá todo lo demás. Los que protestan y claman o buscan democracias lejanas o siguen otras dictaduras mucho más cercanas, mucho más brutales.

Sería terrible que a unas dictaduras sucedieran otras, incluso la de los que mirando a la Meca, oprimen al resto de los hijos de los dioses y de los hombres, como en una nueva Edad Media.

Suerte a los hombres y mujeres libres. 

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