PADRES QUE MERECEN PALOS

Muchos, demasiados.  Aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta.

Todos nos “meamos” de miedo sólo con pensar que nos vemos involucrados en un tema de menores: son intocables, inmunes, sagrados, y, probablemente, así deba ser.

No puedes hacerte cargo de uno de ellos sin acudir antes a un notario, no sea que le dé por toser y te metas en un lío: los padres pueden demandarte por haberlos descuidado y el juez les dará la razón.  No se puede adoptar a un menor abandonado si no superas antes un infierno de exigencias y análisis de todo tipo, no sea que el menor sólo pueda aspirar a ser adoptado por seres humanos normales y corrientes. Para qué hablar de médicos y profesores que se ven obligados a lidiar con ellos, es decir, con sus padres, las 24 horas del día, ¡Lo que podrían contar!

Porque, salvo casos excepcionales y dolorosísimos, muchos padres son como el de la muestra, y lo son cuando sus hijos más necesitan de su criterio y su guía.

Cuando dos niños se levantan de repente, se sitúan en medio de una playa de arena, cubierta de arena y de cuerpos, con la paleta en la mano y la consabida pelotita, la madre toma al sol en “top less”, ajena al mundo entero, y el padre, lejos de advertirles aquello de : ” ¡Alejaos de la gente, que molestáis!” o aquello otro de “¿Cómo se os ocurre poneros aquí en medio con tanta gente?”, o incluso lo de “¡A que le dais a alguien con la puta pelotita!”, se levanta, hace corro y coro con los niños, les insta a jugar, lidera el juego, da a la pelota más fuerte y con más ganas que ellos e, incluso, reconviene al pequeño que hace gestos de batirse en retirada ante las miraditas de desagrado del personal tendido, entonces…, no hay nada que hacer.

Me pregunto qué pasa por las mentes de los padres que tienen ahora cuarenta y pocos: ni asomo de responsabilidad, ni de intención de educar, ni de compromiso con su labor como padres, ni, por supuesto, con el respeto que deben a sus conciudadanos. Alguien debería estudiarlo…, y pedirles cuentas, como a los demás. Aunque piensen lo contrario, haber nacido en la década de los 70 no les confiere el privilegio de pasarse por cualquier sitio los derechos ajenos y las obligaciones propias. Los menores son problema de todos, cierto, ¡a ver cuando alguien les obliga a asumir que, primero, lo son de sus propios padres!

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