GOCHOS

Conocí  hace tiempo a un tipo de marrano, no sé si muy numeroso en la naturaleza. Este tipo de gocho, carece del más mínimo sentido de la higiene. Es sucio por fuera, pero, sobre todo, por dentro. El cochino en cuestión, lustroso y muy adecuado para hacer matanzas, poco dado al esfuerzo físico y menos a cumplir compromisos de ninguna clase, mezcla en su galería de conocimientos a todo tipo de especímenes y no duda en hacer tabla rasa del sentido del respeto, de la decencia o de la dignidad, de ese modo, no tendría inconveniente alguno en presentar a su madre a alguna de las prostitutas con las que trata, aunque lo niegue. Tampoco le importa que su mujer  entre en contacto, por su propia mano, con todo tipo de ligues internautas, porque él se ocupa de dejar la puerta abierta, así que  entre todas las mujeres de su gineceo, se mezclan ligues, conocidas, desconocidas, su mujer, la mujer del vecino, la portera de su casa, etc. Deja  un rollete y se enrolla con otro, solapando  ambos rolletes para no perder el tiempo, pero sigue entrando a saludar al anterior sin decirle nada al presente. Suplica a María que vuelva con él y cuelga las fotos del último fin de semana con dos tías a la vez en cierto lugar bien conocido. Llora porque no lo quiere Juanita y todo el mundo le ve tirando los tejos a Felipita, de modo que Juanita se entera al día siguiente.              

Y ocurre porque este animal de costumbres no es capaz de abrir nuevos territorios: se lleva a todas sus cerdas al mismo lodazal y las mezcla, probablemente porque se siente feliz viendo cómo se acaban todas conociendo, o porque le resulta más cómodo y así no tiene que esforzarse en llevar una agenda.  De hecho, es capaz de revolcarse con varias al mismo tiempo. Para él, todas son cerdas, y como no las diferencia, todas posibles candidatas al barro y a pelear por la panceta, porque, en el fondo, el gochete es un demócrata de pro: todas son iguales ante su hocico.   

Alguien diría que más que un puerco, es un imbécil. ¿Podría ser el animalito ambas cosas? Tendremos que consultarlo, porque un “imberrano” o  un “gochiota” serían  hallazgos dignos de mención en los anales de la Zoología. Esperemos que se libre de que alguien lo confunda con un marrano de verdad, de los de bellota, le atice un tajo y le convierta en morcillas y chorizos. Amén.

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