ACOSADORES

 

Hay una especie de animal curiosísima y muy abundante: los acosadores. Se caracterizan por repartirse  el territorio de la forma más extraña que se pueda imaginar.

Uno de los integrantes de la gran manada se encamina hacia territorios inexplorados, enormes. Mira, otea y ojea y se dirige al punto más alejado del espacio visible.

Sienta sus reales y se dispone a disfrutar de la amplitud y soledad de la nueva conquista. Sin embargo, y de forma inmediata, el congénere siguiente hace acto de presencia, repite los mismos gestos de oteo y exploración, pero, extrañamente, decide acercarse al primer congénere que ha visto a lo lejos en lugar de apoderarse de un nuevo territorio. De ese modo, se dirige a él por lejos que esté, y aposenta sus reales pegado a sus nalgas, hecho que le produce un placer animal: huele, percibe, ve, escucha… todo lo que su congénere hace, y viceversa.

Los siguientes exploradores imitan a éste y se van acercando y rodeando al primero, y unos a otros, con un acoso placentero y perverso. Sin embargo,  aquel  que llegó primero, agobiado y acosado por tanta compañía, huye a la búsqueda de nuevos espacios. Y allí, volverá a ocurrir lo mismo una y otra vez, vaya donde vaya, sin tregua, sin solución.

En esta especie animal, estos acosados solitarios, buscadores de espacios abiertos, están bastante mal vistos. Su instinto de búsqueda de territorio propio, y amplio, no es entendido por el resto que, al contrario, parecen disfrutar de placeres similares al descrito: acoso en el barra del bar, en el salón restaurante, en la playa desierta, en las tiendas de ropa, en la piscina, en el Metro, olisqueando sudores, escuchando conversaciones, sintiendo antebrazos sobre el antebrazo, respirando toses, aspirando aromas…  No es extraño ver un punto diminuto y solitario y, al poco, una masa que le rodea dejando vacío el resto del espacio abierto. Pararse en un escaparate vacío suele ser motivo de acoso inmediato, igual el hecho de entrar en una tienda también vacía, situarse en un lugar apartado de la playa, escoger un asiento solitario en el Metro, una mesa en el rincón del restaurante, un asiento escondido en el parque…

Esta minoría recelosa, maltratada, incomprendida, lleva siglos buscando un cauce donde verter sus quejas. Alzo mi voz en su nombre. ¡Castigo a los acosadores!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s