TE QUIERO

Se lo oí decir a un vecino: “Tiene mal genio, pero les quiere mucho, en el fondo, es muy cariñoso”.

Y es verdad. Te quiero mucho, tanto, que no podría vivir sin ti, que sin ti no podría concebir mi propia vida. Te quiero tanto, que si vuelvo a casa y no estás o no puedo localizarte, me ahogo de miedo y de angustia.

Te quiero con todas mis fuerzas, aunque te grite cuando pasas la mopa por delante de la televisión mientras veo el partido. Aunque a veces digas cientos de tonterías, que las dices, porque eres boba, como casi todas las mujeres, que además son bastantes putas. Tú, no. Tú no eres puta, ¡sólo faltaba!

Te quiero hasta donde no te puedes imaginar y para quererte tanto no hace falta que te lo esté diciendo todo el día. Incluso cuando sonrío a otras mujeres, te sigo queriendo. Es un juego, nada más, sin importancia. Tú eres mi mujer, aunque a veces se te olvide y me contestes mal o me lleves la contraria, que no se por qué lo haces. Yo creo que es que te gusta sacarme de quicio, porque no sé qué sacas con eso. Luego, te quejas de que te digo burradas. Claro, me pones fuera de mí con tus críticas y tus quejas, y luego ya no hay quien lo pare. Me crispas a veces con esa manía de no callarte.

Si no fuera por eso, serías casi perfecta. Eres la mujer más bonita del mundo y me cuidas, yo sé que me cuidas. Cuidas de la casa, de los niños… Cuidas de todos y de todo. Pero esa puñetera manía de no callar. ¡Con lo felices que podríamos ser! Porque sabes que yo te ayudo en lo que puedo, que a lo mejor no es mucho, pero no se puede estar todo el día dale que dale, como tú, que pareces una máquina de hacer cosas. 

Te quiero tanto que cuando pienso en ti se me encoge el corazón. Llevo tu foto en el bolsillo, ya lo sabes, para que todos vean la mujercita tan maravillosa que tengo. A las otras les da envidia, las muy putas. Porque saben que para mí no hay nadie como tú, que eres mis ojos y mis manos y que sin ti yo estaría perdido y me volvería loco. Por eso  tienes que estar en casa cuando llego, por eso me desespera  pensar que pueden mirarte otros hombres, por eso no concibo ni uno sólo de tus pensamientos al margen de los míos…

Te quiero con locura, por eso no importa si a veces me retraso un poco. Los hombres tenemos también que hacer nuestro papel. No podemos ir por la vida como si fuéramos monjas de la caridad. Ya sabes. Alguna cañita, alguna broma. Lo normal.

Lo que más me cabrea es verte como ahora, que no sé por qué estás llorando. Me haces sentir culpable y me cabrea. Deberías ser la mujer más feliz del mundo. ¡Con lo que yo te quiero!

 

 

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