DERECHOS DE AUTOR

¿Y quién no lo es? Todos somos autores y responsables de nuestros actos, palabras, obras, dibujos, ocurrencias, chistes, bordados lagarteranos, clases de Latín, apuntes de Griego, esquemas de Historia, descubrimientos científicos, fórmulas para blanquear los dientes, recetas de bacalao, conjuntos de andar por casa…

Pero sólo hay un tipo de autor que, además de cobrar por sus creaciones en el momento en que las vende, cobra cada vez que otro ser humano las reproduce o utiliza.

Me pregunto qué habría sido de nuestra especie si cada vez que alguien transmite la cultura que ha recibido, cobrase por ello: el abuelo podría cobrar un canon cada vez que cuenta al nieto el cuento que a él le contaron. Cada profesor cobraría un porcentaje a cada alumno cada vez que estos utilizan sus esquemas, explicaciones y apuntes  o se  los dejan a terceros, ¡estarían todos forrados!  No digamos aquel que se inventó un chiste, o un chascarrillo: iría con la recortada exigiendo la parte correspondiente cada vez que un españolito repite la gracieta de marras.

La ocurrencia de echarle canela al café, manchar el expreso o aclararse la cabeza con vinagre para dar más brillo, serían objeto de interminables entuertos judiciales para averiguar la autoría y su posterior canon que, incluidos los intereses de demora, podrían llegar a cantidades que marean solo de intentar imaginarlas.

Hace poco leí en alguna parte que un científico de algún país desgraciado por el poco caso que en él se hace a la ciencia, afirmaba que tenía que pagar para que alguna revista del gremio publicara sus avances  en cierta investigación. Cualquiera que intente publicar un libro, cualquiera de a pie, comprobará que no hay otro modo que pagarse la edición, que por cierto, cuesta los dos ojos de la cara. En este caso, no sólo no te pagan por usar tu obra: tienes que pagar una fortuna por poder mostrarla.

De lo que se desprende que los que cantan canciones, ni siquiera el Gordo de Navidad, son mucho más útiles, valiosos y básicos para nuestra sociedad que los abuelos, los científicos, los profesores, los poetas aficionados, las amas de casa, los graciosos de bar y todo el resto de gentes y personajes que crean continuamente sin cobrar un duro por ello, si acaso, al contrario. 

Si esa no es la explicación, me he perdido en el razonamiento hace mucho tiempo. Si se trata de cobrar, es decir, de ganar dinero a costa de lo que sea, recuerdo a sus eminencias jilgueras, que hay cosas mucho más necesarias para sobrevivir que sus magníficos gorgoritos y que si desean vivir de ellos, va siendo hora de que se apliquen el cuento y dejen se  seguir cobrando por lo mismo en los mismos árboles del parque. A lo mejor, les ha pilado a contrapié la cultura informática del pueblo llano, la idea antigua de que la cultura es patrimonio de todos y, sobre todo, la de que ya se pasó el tiempo de vender cedés que valían una perra a quinientas. A lo mejor no son tan importantes, a lo mejor todos sabemos, podemos y debemos manejar la técnica, a lo mejor deben empezar a espabilar a la hora de hacer negocios con su arte, a lo mejor deben darle más al colodrillo y dejar de poner el cazo.

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