TONI GARRIDO

    

                                     Sospecho que su andadura por la RNE no durará mucho más. No puede durar. Sus palabras de algodón en rama, calientes, atrevidas, sensuales como una boa de plumas, roja, esconden colmillos y púas, directos, claros, precisos, golpeando como el puño del invencible Manny Pacquiao, el amigo de su amiga Elvira Lindo. Ella es el punto burgués- minoría- maravillosa- que parece- gente- de- la- calle, aunque no lo sea.

                    Toni habla claro, suficientemente claro, tanto…,  que es imposible que los oídos del poder no le  oigan. Estoy segura de que molesta. Su atrevimiento, y el de sus mini espacios, es comparable al de aquel programa de la transición, de Antonio Ferreras, en el que se parodiaba una letanía en boca del mismo papa reinante: Porque hoy es sábado.

Toni opina y provoca, pero también da cancha a todo el que quiera opinar, sin falsas pudicias, sin velos de rubor, solo envuelto en su voz de terciopelo, azul.

Tres o cuatro sinvergüenzas más rellenan las horas de espacio. Todos descarados, todos graciosos y atrevidos, siempre menos que él.

Me refresca la memoria y el espíritu escucharle, porque, además, me acaricia su voz, aunque parezca una especie de perversión radiofónica. Solo le escucho de vez en cuando, a saltos, a trompicones, pero cuando enciendo el bicho y se me cuela por el cuello y los hombros la boa de plumas de sus palabras, sus asuntos se convierten de inmediato en mis propios asuntos, en mis asuntos propios.

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