GRULLAS DE FIN DE SEMANA

“Sí, sí…, yo te conozco. No recuerdo ahora mismo de qué, pero te conozco. ¿No fuiste tú a…? ¿Y a …? Ya me acordaré. Bueno, y ¿por dónde vives?… ¿Cómo me has dicho que te llamabas?”

(No te lo he dicho. Si me conoces, me gustaría que lo olvidaras, no he ido a ninguna parte donde tú estuvieras y desde este momento, me cuidaré mucho de coincidir contigo en ninguna parte. No es asunto tuyo dónde yo viva y tampoco cómo me llame, o me llamen).

Cruel. ¿Verdad? Muy cruel. Terriblemente cruel. Sin pizca de sensibilidad, ni de comprensión. Con ese tono de salvaje cinismo, intentando dejar claro el tema y pillando entre las garras a la víctima propiciatoria.

Esas aves rapaces pululan por el éter ambiente como lechuzas viejas y enormes, aleteando sigilosamente, cazando lo que pueden sin hacer ascos a un ratón o un topo, tanto les da. Se apoderan de toda la información que cazan al vuelo, la traen y la llevan, sin otro tema sobre el que descansar sus uñas y pezuñas. Cotillean de todo, saben de todos y de todas, hacen cábalas, suponen, dan tres cuartos al pregonero y, si te andas lenta, se te meten en el coche y te utilizan de taxista, por la patilla.   

Dejo en el segundo párrafo el antídoto. No es fácil de utilizar, pero es definitivo. Aviso de que tiene efectos secundarios, a no ser que se utilice pegado a la oreja de la grulla y se oculte después con total rapidez.  Buena suerte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s