PALABRAS

No son de nadie. Están ahí, flotando, colgadas de los lóbulos blandos del cerebro, esperando que las golpeemos suavemente para brillar.

No son de nadie, pero nos lo parecen. Algunas se retuercen en acero y acaban convirtiéndose en llaves, en códigos de aire que guardan recuerdos, sentimientos, sensaciones, y que, como los códigos de acceso, abren la ventana a la resurrección del pasado.

Otras palabras candado encierran la intimidad, los secretos que los amantes, los enamorados, guardan solo para ellos, o los nombres que solo se dan entre ellos, las palabras que les hacen ser diferentes a todos los demás, que representan lo más bello de sus abismos compartidos, su relación, su vida.

Otras esconden errores vergonzantes que jamás revelaríamos a nadie y que nos hacen temer, algunas tapan recuerdos dolorosos, miserias inconfesables, sueños ridículos, esperanzas perdidas… Por eso, sin ser de nadie, esas nos parecen propias.

Hay ocasiones en que una palabra sola esconde toda una vida, con matices y colores, con sensaciones y sonidos que solo son comprensibles para el que se apropió de ella y la escondió en la zona más profunda de su corazón. Si alguien la descubre, lo más probable es que la use para abrirnos una brecha profunda de pena, una brecha que ya no se cerrará jamás.

Mientras que hay muchas, demasiadas palabras, que carecen de sentido para algunos, a quienes no les dice absolutamente nada lo que para sus vecinos, amigos o amantes es la clave de su existencia.

Por eso, hay que tener mucho cuidado con ellas. Podemos usarlas mal y debemos recordar  que , casi siempre,  lo que compartimos de ellas es solo la cubierta de azúcar glass o el cubito de hielo. Cada palabra esconde para cada cual un mundo de significados tan grandes a veces, como la boca de una mina. Los que no aprobaron la asignatura en el cole no saben que las palabras, al fin y al cabo, son armas o flores, según el que las use, pero casi siempre son envoltorios de otra realidad. Hay, incluso, especialistas en apoderarse de las palabras de otros  y  en usarlas como revólveres cargados  dispuestos a  disparar.

Los manipuladores, los demagogos, los mentirosos, no son más que alumnos aventajados en la representación teatral de las palabras, es decir, listillos que usan las palabras propias y ajenas con significados ocultos, dobles y triples, desvinculados de realidad alguna, y cuyo verdadero significado  nunca se atreven a  declarar. Mientras el cuerpo aguante, ganarán siempre al Scrabble, pero corren el peligro de perder el juego de la vida, donde no hay palabras que valgan: no hay más fichas que los hechos y esos no siempre se pueden ocultar.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s