¡ESTÁS LOCA!

Algunas de las mujeres que me leáis habréis oído este exabrupto más de una vez, dirigido a vosotras, a vuestra madre, hermana, vecina, compañera de trabajo…

Es un tópico histórico. Las mujeres estamos locas, sobre todo, cuando opinamos, decidimos o nos quejamos de cosas que los hombres, e incluso otras mujeres, no quieren entender. O no pueden, o  podrían si quisieran, o no podrían, o no querrían…, o dios sabe qué.

A veces, la orden viene precedida de otra más ofensiva si cabe: “¡Cállate!”. Y en otras ocasiones, se unen las dos con un nexo causal o consecutivo (estoy técnica): “¡Cállate, que estás loca!”. Es decir, no tienes derecho a opinar en alto, tu mente no está equilibrada. Es decir, no estás cuerda.

¿Y en qué consiste esa locura? No en ver imágenes que solo existen en tu cabeza, no en escuchar voces o vivir en un mundo imaginario, no en levantarte por la noche quinientas veces a escudriñar la nevera, no en mirar la televisión sin pestañear durante horas interminables olvidando todo lo que te rodea, no en gastarte el dinero que no tienes en máquinas tragaperras, ni en haberte dado a la bebida, ni en fumar marihuana de forma compulsiva, ni en llevar una vida paralela, ni siquiera en tener un amante… ¡No!

Estás loca porque tus opiniones y deseos no coinciden con los míos. Porque no dices aquello que espero escuchar, porque no ves el mundo con mis propios ojos y con mis propios intereses. Por eso, y solo por eso, estás loca. Y tu locura es mucho más molesta y agresiva que la de los otros, porque a los otros se les considera enfermos y se les lleva al psiquiatra o al psicólogo, se les compadece y medica, pero a ti, no. Tu locura es especial, es una locura inaceptable, mínima, que socava mi paciencia, que enturbia las lindes de mi territorio, que atenta contra mi propio perfil. Estás loca porque me obligas a abrir las ventanas y mirar lo que no quiero ver, a aceptar nuevas molestias, a pactar, a asumir tu vida como si fuera la mía, a escudriñar tu corazón como si fuera el mío, a dejarte ver mi propia locura, a quitarte el cartel, a sentir curiosidad por tu supuesta demencia, a encajarla en mi cerebro con toda naturalidad… Estás loca porque compartir contigo esas locuras es como quererte con toda el alma y aceptar, con ternura, que hasta las locas más locas tienen derecho a perseguir sus sueños a sentirse verdaderamente amadas y respetadas y a creer que lo son verdaderamente, sin dudar ni pestañear.

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