AMORES CLÓNICOS

        Y le vi aparecer, de nuevo erguido, de nuevo acicalado. Paseaba del brazo, del hombro, de otra por los mismos lugares por los que se besó conmigo. La miraba con la misma pasión, la misma dulzura, la misma ilusión que compartió conmigo. Y saludaba a la gente que conocimos, y que nos veía reír y llorar, del brazo de otra y presentaba a la otra con el mismo orgullo y la misma soltura con que me presentó a mí. Y antes de mí, a otra y, antes, a algunas más.

Volver de nuevo con un nuevo afecto a los lugares que uno conoció con otro, con otra.  Volver con los antiguos amigos de la mano de otro, viajar al mismo hotelito con los ojos de otro, comprar con otro los regalos de Navidad, encontrar el cuerpo de otro en el hueco caliente que aquel dejó en la cama, brindar con otro, o con otra…

Qué revuelto de afectos y amores. Qué terrible habilidad. Mezclar tiempos, afectos y lugares sin que se conmueva un ápice el alma, sin una lágrima, sin un punzante sentimiento de culpa, de traición.

Porque hay gente que ama tan poco, con tan poca rabia, con tan poco corazón, que todos sus amores parecen uno, clones todos desplegados en máscaras variopintas y mudables. Hay quien sólo ha tenido un amor en la vida y se parece demasiado a una eterna masturbación.

 

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