TONY

Lo recuerdo como a un bicho raro, con su peto a lo campesino del Gigante Verde. Su melenita paje y sus botas, su cara con alopecia nórdica y sus morritos de niño inocente. Era un europeo extraño, que se movía de manera extraña, dando saltitos, con acento extraño y con una sonrisa angelical. Los yayos de la época le miraban con desconfianza: parecía maricón, como todos los que no tenían pelo en pecho, bigote y un puro en la boca después de comer.

En 1971, íbamos de uniforme, de uniforme de niñas buenas y malas a punto de entrar en la universidad. Era la época del famoso COU, Curso de Orientación Universitaria, que fue un bello ensayo que sustituía al PREU, Preparación Universitaria.

En España, Franco y el actual rey, entonces príncipe heredero, presidían el desfile de la paz, finamente llamado así en lugar del antiguo “de la victoria” y los rusos ponían en funcionamiento la primera estación orbital tripulada: el Soyuz-11. Coca Cola representaba por entonces la chispa de la vida y todavía se podían desayunar tazones de café con leche con croissant o tostadas con mantequilla y mermelada de naranja en una cafetería fina, y antes de las 11 de la mañana, a precios muy razonables. De moda ando pez, lo reconozco, pero me suenan ciertos vestiditos con blusas largas y ajustadas encima, o minifaldas discretas, pamelas para las pijas y pantalones blancos en verano.

Con Tony, cantaban en la tele gentes como Karina, Juan Pardo, Módulos o Juan Manuel Serrat. Además, los de antes, los hispanos de toda la vida, seguían en la brecha: creo recordar a Marifé de Triana, que también se ha ido, Manolo Escobar, eterno, o Rocío Jurado. Camarón acababa de sacar un LP, de aquellos enormes, de vinilo, prehistóricos, de moda otra vez, con las fundas forradas de papel brillante, de papel de celo que se quebraba al tocarlos, con su fundita interior blanca y opaca, que se acababa perdiendo en un decir amén.

Ya había tiendas de bollos, casi como el todo a cien de la alimentación de la época y, si no recuerdo mal, Rodilla acababa de abrir una de sus tiendas en la Plaza del Callao, donde entonces reinaban como una peineta flamenca en Semana Santa las Galerías Preciados. Aquellos sadwiches de queso y tomate eran como un afrodisíaco del gusto: sabían a nuevo, a diferente, a rápido, a limpio.

Tony me parecía uno de esos sándwiches: nuevo, fresco, tierno y limpio. Su música entraba sin necesidad de masticar, tan fácil como tomarse un triángulo de pan blanco con un poco de la chispa de la vida a la sombra de una pamela en una terraza de la calle Preciados.

Tony Ronald, Siegfried Anthonius Den Boer Kramer, nació en Holanda en 1945 y como tantos extranjeros llegó a España y se afincó en ella, siendo uno de los protagonistas de la música de los 60 y 70. Ha fallecido a los 68 años.

Su mayor éxito como cantante en solitario llegó en 1971 con  “Help, Ayúdame”, que fue ese año canción de verano.

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