RASCAYÚ

Conozco a una mujer, ya madura pero vistosa, que dispone de bastante dinero.  Está pre jubilada y tiene todo el tiempo del mundo libre. Cuando trabajaba, también lo tenía: suerte de algunos.

Como no sabe en qué pasar el día, lleva años buscando actividades de todo tipo para entretenerse y gastar el dinerito que tiene, que no es una fortuna, pero le sobra para vivir estupendamente.  Por eso, podéis verla por Madrid haciendo lo que se le ocurre: pasear perros de la perrera, correr por la Castellana en chandall, pasearse a sí misma  de madrugada buscando constelaciones, adoptar bichos que nadie quiere, unirse a actividades de todo tipo, incluidas las meditaciones transcendentales e intrascendentes, viajar a los sitios más extraños, pero sobre todo, por encima de todo, la veréis quejarse.  Esa es la actividad en la que invierte más tiempo y esfuerzo.

Se queja de su culo, que ya no es lo que era, se queja de su piel, que ya no está como estaba, se queja de la vida, que no le ha deparado un compañero, se queja de la familia, que no tiene porque no quiso casarse ni mucho menos tener hijos (seguramente, en ese caso, tendría mucho peor culo), se queja de los amigos, que se fueron, se queja del frío, que es extremado en esta zona, se queja ….

Yo misma vendería mi alma al diablo, si el diablo la quisiera,  por estar en su lugar.

Pero ella no se da cuenta y se sigue quejando. Porque nadie la cuida, porque nadie la protege, porque no la hacen compañía, porque no se acuerdan de ella, porque sale mal en las fotos, porque se va a morir, porque a veces llora sin saber por qué…

Y no te queda más que matarla o dejarla  porque la pobre no entiende que no ha comprado el derecho al amor del prójimo solo por tocar el trombón, dormir a pierna suelta, ponerse crema hasta en el ombligo, mentir a troche y moche o beber cubatas en el pub de la esquina. No hay forma de comprar el amor del prójimo, ni siquiera amando al prójimo como a ti mismo, o más.

La pobrecita tendrá  que asumir, tarde o temprano, quién es y a partir de ahí, entender qué será, aunque eso es fácil de adivinar: será un cadáver, como todos. El cadáver de una tonta probablemente, pero cadáver al fin y al cabo. Eso sí, más solo que la una, también como todos.

 

 

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