LA NOCHE DE ANOCHE

Y sea como sea, pase mañana lo que pase, te agradezco la anoche de anoche. Agradezco tu mirada cálida en la mía, tu silencio de espera, tu paciencia de algodón en rama, tu caricia de niño grande, tu empeño por entender lo que no entenderás jamás. Te agradezco la compañía relajada, la pereza para irte, la comprensión de tus manos, la sonrisa de propina, la confidencia arriesgada y la promesa cumplida.

Te agradezco que no me pidieras nada y que no me negases tampoco lo que yo no te pedía, que no cerrases la puerta, pero abrieses las ventanas, que me dejases ser como yo soy y no usaras más disfraz que tu pecho firme y quieto.

No sé si habrá más noches como la de anoche o si alguna otra de esas noches será el fuego o el dolor quien nos acoja, pero la noche de anoche te sentí tan cercano y pleno, tan prudente y blando, tan lleno de futuro y de ilusiones, tan temeroso de quebrar mi espalda, tan pertrechado para andar caminos sin tiempo, sin cadenas y sin sables, que aunque no hubiera más noches, te agradezco con el alma liberada y nueva, con el alma entera, la noche de anoche.

Dedicado a quien espera y acoge, escucha y ama, sin pedir nada.

 

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