VACACIONES SINGLES

La vida es una ilusión, como decía don Pedro, y da pañuelo a quien no tiene mocos. Eso no lo decía don Pedro, pero para el caso, como si lo hubiera dicho.

A ver si nos aclaramos. El que tiene dónde y con quién ir de vacaciones, no tiene plata, como diría un compadre argentino, y el que tiene algo de platita, no tiene cómo ni con quién.

Las vacaciones para los solitarios, solos, singles, impares, nones, o como diablos se les quiera llamar, resultan muchas veces una tortura.

Compartir habitación con un desconocido/a, que puede que ronque y que le huelan los pies, además de meterse en tu intimidad y tú en la suya sin pedir permiso, está descartado: pago de costas por habitación sencilla con el agravante de resultar sospechoso para el resto del personal, que te verá  desconfiado y antipático.

Viaje con grupito de conocidos: peligroso por razones similares, pero con la desventaja de que no podrás librarte de ellos hasta que no acabe el evento, o si no, tendrás que huir en un taxi hasta el lugar de origen, pagando otra vez las costas.

Viaje organizado en autocar de lujo relativo: parvada de gente deseosa de entablar relación a diestro y siniestro. Aceptable en algunos casos, pero si te mareas en los autocares, te tocará pagar costas de nuevo, aunque llegues a ellas hecho unos zorros, como diría Marcial Lafuente Estefanía (Entre zorro y coyote tampoco hay tanta diferencia).

Crucero por las Islas Griegas. Una semana encerrada en un barco enorme, también con gente que no conoces, entrando y saliendo en cuestión de minutos de una ciudad a otra, perseguido por el cronómetro del guía. Si te mareas en los barcos y no has pagado camarote para ti sola, pagarás costas, pero por partida doble.

En todos los casos, cabe la posibilidad, y cuanto más mona estés  más posibilidad, de que uno o varios señores de cierta edad intenten intimar contigo, sin compromiso, por aprovechar el tiempo. No te digo nada si el caballero en cuestión es un plasta de tamaño XXL : correr delante de él por todo el barco o esconderte detrás de las puertas y cortinas de cada pasillo y sala puede amargarte el crucero, con toda seguridad.

Puedes irte con la familia, de pegote  o de paquete, como se le quiera llamar. La familia, siempre tan cariñosa, no te dirá que no, pero el panorama tampoco es para tirar cohetes: de non en las cenas, de lastre en las discotecas, de abuela en las comidas, de yaya en las excursiones… Y la familia cargando contigo, con la mejor de las sonrisas. Para pensárselo.

Se puede uno ir solo/a. Eso es bastante sano. Lo malo es que el caballero XXL suele estar también allí, siempre. Y tampoco es agradable pasear arriba y abajo del mundo mundial en solitario. Si te pones malo, la familia volverá a sufrir con una sonrisa tus penalidades. Si te aburres, estarás en el caso del crucero o del autocar y además, tendrás que dar cancha al caballero XXL. No podrás ir a bailar o a cenar, como no contrates a un acompañante y eso subirá el precio del viaje bastante, además de convertirte en una señora mayor sospechosa. Sospechosa de todo.

Puedes alquilar un coche, o usar el propio si todavía tienes, y levantarte una madrugada de las vacaciones, meter en una bolsa grande lo que te parezca, echar gasolina en el primer surtidor y coger una de las radiales, a donde te lleve. No es que te vayas a librar del caballero XXL, de los mareos, las enfermedades, el aburrimiento, los grupitos de mirones, la sospecha…, pero, al menos, serás libre de subir o bajar, quedarte o marcharte a tu entera voluntad, sin límites en el horizonte, que el mundo es ancho y ajeno, como diría Ciro Alegría.

La opción final es la más triste, pero también sirve. No ir a ninguna parte y dedicar el dinerito a pintar la casa, cambiar las alfombras, hacer un cursillo de marketing o un master en Alcalá de Henares, como diría don Miguel.

Tengo tantas dudas que estoy pensando en  una solución drástica, dura, pero claramente diferente, aunque ya está trillada. Puedo robar un banco, que robando a la gente normal no surte efecto, y conseguir, con suerte,  que me detengan , que no está fácil la cosa. Que me juzguen va a ser complicado, visto lo visto, y que me condenen a pena de cárcel ya será a base de untar al juez para que me mire de mala manera. Una vez condenada, podré pasar las vacaciones codeándome con lo mejor de la sociedad, con los gastos pagados, todo incluido y los planes a cargo de terceros. Tiraré todo el cash que tenga antes, no sea que me dé la tentación de pagar la fianza y se me fastidie el negocio. Lo malo va a ser que lo mismo me privatizan antes el sistema penitenciario. ¡Maldita sea! Mañana me pongo a ello.

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