VOLVER A EMPEZAR

Normalmente, aquellos a quienes tanto quisimos son los mismos que nos causaron un daño irreparable. Cuanto más los amábamos, más nos dolía su traición, sus mentiras o su crueldad. Cuanto más pensábamos en ellos, más nos hería su egoísmo, su falta de compromiso y sus abusos.

En algún punto del camino la cuerda se rompió y nos alejamos,  como quien se aleja de la posibilidad de un contagio mortal, convencidos de que solo podían traer ya a nuestras vidas más dolor, más desesperación, más pena y soledad. Y muchas veces, no era porque la indiferencia se hubiera aposentado en nuestros corazones, sino porque la necesidad de sobrevivir nos obligaba a levantar muros entre nuestra destrucción y nosotros mismos.

Y la enfermedad del corazón, que no pueden curar médicos ni enfermeras, hace a veces que el recuerdo siga horadando nuestra alegría en algún lugar escondido y mudo. Y querríamos creer que, después de todo, son felices, que al final han encontrado a alguien que disfrute de ellos con la alegría y la confianza con que nosotros no pudimos, que hayan encontrado a alguien que les vea tan nobles y generosos, sinceros y amables como nosotros no fuimos capaces de ver.

Algunos  se mantienen alejados de nosotros y no desean saber nada más de la historia que acabó. Otros prefieren cultivar una relación de antiguos compañeros de clase, de amigos que compartieron algo importante en el pasado, aunque ya no pertenezcan al mismo clan. Unos y otros conservan el recuerdo de aquella intimidad compartida como algo que nadie puede arrancar del todo del corazón.  Los menos sienten un odio profundo y un resquemor insoportable que acaba amargando el resto de sus vidas.

Pero todos deberían haber encontrado a alguien con quien seguir el camino de la vida, mejor que nosotros, más generoso y tierno, más comprensivo, más fiel.

Y no parece posible: las noches están llenas de lobos, y lobas, solitarios buscando engañar su soledad con un poquito  de carne cercana, una sonrisa y una copa y, si hay suerte, un polvorón. Se ve que no es nada fácil volver a empezar.  Brindo porque cada uno encuentre el zapato del tamaño que pueda calzar: la mayoría anda en chancletas de playa.

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