“COMUNISTAS” CORRUPTOS

(Pensamiento propio: en un basurero no se distinguen bien los distintos matices del olor a mierda).

Todos lo sabíamos, desde casi siempre. Desde la ristra interminable de familiares y amigos que se movían alrededor de cualquier cargo o nombramiento, hasta el inquietante enriquecimiento del último concejal de nuestro pueblo.

Llevamos lustros pagando al fontanero en negro, nadie exigía la factura en el dentista, ni siquiera en las gasolineras, todos nos saltábamos las colas y todos llevamos años y años pidiendo préstamos para irnos de vacaciones sabiendo que, a la vuelta, con la cuesta de septiembre, no íbamos a poder pagar. Pero el dinero es de todos, de eso siempre hemos estado seguros, fundamentalmente, del primero que lo coja, y si no lleva membrete ni firma, mejor que mejor.

Corrompidos todos, indiferentes a  la realidad matemática que se daba de tortas con el “todo va bien”, a la realidad matemática que decía que no era posible que un piso costase el cuádruple de lo que realmente valía, o que un peón de albañil cobrase el triple que un médico de la SS, todos hemos vivido en un paraíso artificial, negándonos a saber que  el dinero que corría no tenía más consistencia que un globo de aire, mirando para otro lado con tal de no tener que reconocer que aquel a quien otorgábamos el poder de decidir sobre nosotros no hacía más que, corregido y aumentado, lo que nosotros mismos en nuestra vida cotidiana: estafar, engañar, codiciar, enriquecernos, disfrutar de lo que no podíamos, aprovechar cualquier circunstancia para abusar , llevarnos los rotuladores a puñados del trabajo,  largarnos un cuarto de hora antes de sonar la sirena de salida, puentear a nuestro amigo en la cola para hacer la analítica, arreglar el coche en un taller pirata, comprar las gafas de sol en el top manta, pagar a la asistenta en negro, comprar tabaco de contrabando, falsificar los permisos de aparcamiento de minusválidos… Todos corruptos. Todos comunistas del dinero y de los privilegios e injusticias.

Dice el DRAEL que la corrupción es la , “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.

Es decir, la corrupción es, específicamente, aprovecharse de lo que uno representa como delegado de la soberanía popular para enriquecerse. Utilizar la confianza que los demás me dan para gestionar lo que es común y pagamos entre todos, para llevarme una tajada hermosa, impunemente. Puro comunismo.

Sin embargo, en la administración pública, es prácticamente imposible que un funcionario mueva una ficha sin que otro, y otros, lo noten. No se puede coger dinerito de la cuenta del Estado y falsificar las facturitas sin que un inspector, tu jefe, el compañero que sella y el banquero que te hace los trámites se den cuenta. La administración pública es la más comunista de todas las administraciones.

Pero esto, no. Esto ya es mear fuera del tiesto, sobre todo, porque el chollo se ha acabado primero para los más inocentes, los más confiados y los más débiles. Los que intentaban enriquecerse aprovechando bonos, antigüedades y primas que daban duros a peseta. Hasta los yayos son comunistas: quieren su parte del pastel, recogiendo ciento por uno, como buenos cristianos.

Lo malo es que cuesta establecer la línea divisoria. Entre el sueño de los justos que no ven ni quieren ver, mientras se llenan la casa de las botellas de güisqui que birlan en los embargos, y el tesorero del partido que hace regalitos a sus jefes con las comisiones que le dan por dar contratos millonarios a quienes, de paso, hacen contratos de mierda a sus empleados y los despiden impunemente, entre una cosa y otra media un imperio: el de la cantidad. Poco más. El deseo de enriquecerse a toda costa sin trabajar es un deseo comunitario y pocos pensaron en su momento que no era posible pillar tanto dinero a cambio de una firmita o de un contrato de andar por casa.

Lo gracioso es que los africanos del top manta corren como locos cuando ven a un pitufo porque son delincuentes: venden sin pagar impuestos para sobrevivir, como todos, pero ellos son ilegales en un país donde el dueño de la tienda de al lado los denuncia. Está claro que ese mismo país, y el dueño ciudadanísimo de la tienda, no ha tenido cojones para denunciar a quienes se lo llevaban crudo delante de nuestras narices. Nos atrevemos con el africano, con el ecuatoriano, e incluso, con el rumano. A ver cuando le echamos valor, y empezamos a dar caña a la mierda roja y gualda, que ya va tocando, empezando por la que escondemos debajo de la alfombra de casa.

Propongo, a modo de ejemplo, empezar por revisar una a una las facturas y propiedades de nuestra santa madre iglesia, que huele de lejos que apesta. Lo mismo hay suerte y algún día, alguno de los partidos que se dicen de izquierdas, exige la publicación de las cuentas de los obispos y demás purrela y la auditoría de todos sus bienes que, por cierto, eso de que son “suyos”, tampoco lo tengo yo muy claro. Es que yo no soy comunista.

Nota. Dice la Wikipedia: el comunismo es una asociación basada en la comunidad de los medios sociales de producción y los bienes que con ellos se producen, mediante la participación directa de sus miembros en un ámbito de vida colectiva.

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