LUIS FOLLEDO

Apenas lo recuerdo, salvo por la nariz. Una nariz que a mí me parecía sacada de un cuento: descomunal, deforme, incomprensible.      b-p3anniiaaaupe

Era famoso. La gente hablaba de él y su foto aparecía en periódicos y televisión, en la televisión de todos, la única e irrepetible, en blanco y negro.

Esta era una más de las estrellas del movimiento, del movimiento pugilístico que entonces era una de las actividades más admiradas y publicitadas del país. Los toreros, la copla y el boxeo. ¡Ahí es nada! Junto a él, me suenan los nombres de Fred Galiana, Nino Benvenuti y alguno más. Le vi pelear por la tele, como a un auténtico héroe y también le vi caer por KO en su famosa derrota frente a Laszlo Papp.

La palabra tongo sonaba a su alrededor como vuelan las moscas en los comics alrededor de algunas cabezas. No era el único: una buena parte del boxeo de la época se movía, posiblemente, entre los combates pactados, los paquetes puestos a medida para escalar hasta un campeonato (el de Europa primero), las mujeres, los vicios, los entrenadores que los utilizaban, su cabeza noqueada incapaz de razonar con claridad nunca más, el éxito de una noche en el ring, el descuido de los entrenamientos, etc.

Nunca volví a saber de él, no sé si ha sobrevivido dignamente a la vida y al tiempo o ha caído en las garras del fracaso como muchos de aquellos, juguetes rotos. El mito del ceniciento de los sesenta, el niño pobre metido en problemas que era salvado de las garras de la perdición y la cárcel por el dueño del gimnasio del barrio que conseguía convertirle en una figura internacional del boxeo, es antiguo como este país. Luego, el cuento decía que, desenfrenado y loco, el triunfo lo arrastraba hacia todo lo que no había podido tener y sin consejeros honrados ni visión de futuro, acababa en las cunetas, enfermo, mendigo o muerto.

Hay dos casos claros, más cercanos: José Manuel Ibar Urtain y Poli Díaz, otro vallecano, ejemplos vivos de la leyenda del boxeador autoaniquilado.

Folledo y Legrá, José Legrá, llenaron muchas de mis noches familiares de aquellos tiempos que parecen ya una pura película, de distintos y lejanos. Viéndoles, recordándoles, uno se da cuenta de que este mundo ha cambiado tanto en tan pocos años que me extraña que los que vivimos aquello en blanco y negro podamos asumir tanto color sin acabar completamente tocados.

Yo todavía llevo las bragas de cuello alto, como Luis en el ring, y a veces, me dejan KO de un zarpazo, como el gran Laslo Papp hizo con Folledo. A Papp le obligaron a retirarse del boxeo, siempre nos obligaban a algo.

Ahora, Pacquiao marca tendencia. ¡Cómo cambian los tiempos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s