PRÍNCIPE AZUL

Llegando a ciertas edades, porque parece que ya tenemos dos o tres, una ya no se plantea lo del príncipe azul: otras, sí.   

Una solo necesitaría de la compañía de un señor educado y amable, poco más. Bueno… ,limpio y aseado también, que eso de que cada vez que levante el brazo de la camisa planchada en la tintorería suelte una ráfaga de gas en barrica, es un inconveniente difícil de superar.

La calvicie no es un gran problema, ni la barriguita: son gajes de la veteranía. Que beba, sí, eso sí, sobre todo si le da por beber a tu lado, para infundirse ánimo, y te suelta de un solo tiro todas las memeces que ha hecho en la vida, que suelen ser a modo de ristra de ajos: interminables.

No vendría mal que fuera mínimamente culto, no cultureta, no pedante. Solo un poco culto. Lo suficiente para poder hablar de alguna cosa que no se ciña al fútbol, los coches, el tenis, los programas horteras de la tele o los cuerpos de las tías buenas con los que sueña cuando está solo e, incluso, cuando está contigo. Y sin dar clase, por favor, que para eso están las academias.

Tú en tu casa y yo en la mía. Un bendito invento que, si no fuera porque hay que aparearse para que la raza no se extinga, debería ser obligatorio por contrato en todos los matrimonios y parejas de hecho. A este caso viene que ni pintado.

La autosuficiencia es otra de las condiciones del madurito príncipe azul. A cierta edad, tener que mantener a un señor calvo o freírle los huevos, con perdón, para cenar es algo que ninguna señora de cierta edad  debería soportar.

Lo de la fidelidad y las mentiras se puede pactar: nos engañamos mutuamente, pues vale. Pero, eso sí, o jugamos todos o se rompe la baraja. Ambos fieles y sinceros o ambos libres y ocultadores. Ahí no hay que ceder un ápice, que luego aparecen problemas psicológicos insolubles a estas edades.

En cuanto a la actividad sexual, tampoco es un gran inconveniente: para otras, sí. A nuestra edad, se activa lo que se activa y, puestos a elegir, prefiero la actividad ética y mental. La otra es sustituible. De hecho, conozco a mujeres que la sustituyen por un pipiolo de treinta y tantos, previo pago normalmente, eso también.

Y el carácter. Ese es el plato fuerte. Posesivos, celosos, agresivos, soberbios, egoístas, engreídos, paranoicos, mentirosos, jugadores, perversos, borrachos… , ¡No! A esos ya los hemos aguantado cuando éramos jóvenes en calidad de esposos o similar, ahora ya no toca.

Generosos, comprensivos, pacientes, cariñosos, agradecidos y solidarios. Estos, sí. Pero…

Creo que estos últimos se han extinguido o están bien casados o son homosexuales. O las tres cosas. En fin, las maduras  no tenemos ya nada que hacer, salvo esperar al INSERSO: me han dicho que en Benidorm hay ancianos marchosos por un tubo. A ver si hay suerte.

Atentas: si buscáis vídeos o fotos de maduritos guapos, para ilustrar páginas de un blog o para regodear la vista, comprobaréis que todos son gays: parece que los heterosexuales deben ser, siempre, como el oso: sigue habiendo temas que no cambian ni evolucionan. Ahí van unos cuantos actores: no hay otra cosa.

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