AGONÍA

Sí, aún sigue vivo en mi recuerdo. Vivo, con sus uñas encorvadas, hundidas en mi carne y en mi piel. Encaramado a mi equipaje, como un peso inútil que no tuviera forma ni misión, como un animal escurridizo que no se deja atrapar, como el loro del pirata con la jaula incluida, como un tatuaje oscuro y profundo que ya no se puede borrar.

Compañero de noches y de días, mudo testigo de mis zozobras, mis sueños y mis soledades, no sabe jugar a otro juego ni bailar otro baile. No sabe saltar al camino, estirar las piernas y plantarle cara a la verdad, o a la mentira, y arriesgar la muerte, o la vida. No sabe ni perder ni ganar.

Como una cantimplora vacía, tintinea y se agita de un lado a otro de mi cadera, sin nada que dar, nada que esperar, nada que decir, resignado a su suerte de sombra oscura, a su inútil juego de magia y ocultación, a su diario trabajo de esconderlo todo bajo la alfombra, de esperar que le lleve por la vida a golpe de suspiro y de dolor, acolchado entre las paredes de su celda.

Volteando los ojos para no ver que le citan de lejos, para no aceptar los retos ni los duelos, amparado en las sombras de los cortinones, sobrevive de sus propios despojos en el hueco más oscuro y triste de mi corazón, como una punzada que no sirvió de nada, como el olor eterno de la casa de la abuela, como la carta antigua que espera que algún día, en un arranque de valor, la rompamos en mil pedazos, en miles de pedazos, y los lancemos al viento para que nada ni nadie pueda recordarnos ya su sabor.

Pero mientras tanto, sigue ahí, escondido, hibernando bajo la piel, bajo los párpados, moviéndose despacio, sin agitarse, sin hacerse notar apenas, pegado a mi propio pálpito, respirando en mi pecho de latón, tocando diana algunas veces, jugando a las escondidas solo un segundo, disfrazándose de ángel de función de la escuela, esquivando las balas que le van al corazón de papel cuché, haciendo monólogos tristes en voz baja, aprendiendo una lección que nunca existió, tintineando en mi cadera, vacio, hueco, huyendo de mis manos de fiera, convirtiéndose a veces en la imagen de un feo, sucio y miserable ratón que se esconde de su vida y de la mía, que se esconde de sí mismo, desde siempre, para siempre…

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