CARA DE CUERO. TEATRO EN MADRID.

La he visto en La Usina, uno de esos teatros alternativos, pequeños y de andar por casa que proliferan en Madrid con eso de la crisis y los recortes, unas veces con ofertas estupendas y otras, hay que reconocerlo, con trabajos mediocres destinados a hacer caja y a sobrevivir.

Son incómodos, eso es innegable, las sillas están duras, los espacios carecen de decoración, no huele a ambientador del medio bueno y el patio de butacas, muchas veces, lo componen unos andamios sobre los que hacen equilibrio las sillas o, sencillamente, las propias sillas colocadas alrededor del salón de casa. No se puede salir a hacer pis porque estás sentado casi  en el escenario inexistente, los actores te golpean en la cabeza como se emocionen demasiado y, como en este caso, temí que el enloquecido artista obsesionado por la historia violenta en que se basa la obra, me cayera encima o, directamente, me diera con la motosierra en las narices.

No, la obrita no es cómoda de ver. En su plan de meternos en harina, repite en un monitor plantado en primer plano, a mi lado en este caso, una y mil veces la matanza de Texas, con ruido ensordecedor y  sangre incluidas. Ambientados hasta la exasperación, la historia del artista alemán obsesionado con la violencia, influyendo, secuestrando, maltratando o amando a su pareja, que es acribillado por la policía mientras prepara una performance sobre el tema de marras nos escupe a medio metro . La línea divisoria entre la locura y la locura del personaje es fina y su relación con la mujer a la que incluye en su juego o en su tragedia, también. Ella, borracha como él, le sigue y le provoca, le advierte, se asusta y le ama a su modo, de igual modo. Pero la realidad, y la policía, fuera, no ven lo que ellos ven y acaban, en la realidad histórica, con el artista alemán y su performance de la violencia y la sangre.

La interpretación terriblemente dura me recordaba ejercicios de una escuela de arte dramático, tan exagerada, tan agotadora, tan violenta. El actor, Sebastián Moreno, la lleva al límite, pleno de forma física y vocal: daba puro miedo, no sé si demasiado. El lucimiento del torso en sostén de su pareja me sobraba. La motosierra y la máscara de cuero, el delantal manchado de sangre y los gritos de loco mordían el polvo ante la sensualidad de su novia borracha en sostén durante casi toda la obra. Encajo mal tanta antítesis. Será la edad. Quizá por eso, casi al lado, me desquité con un café en el salón de casa, porque eso es el pequeño café de Nave 73. Todo en familia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s