ACTORES

Durante mucho tiempo no había sabido nada de él. La vida es así. Un día, por pura casualidad, descubrió que una de aquellas fábulas que contaba, y que parecían inventadas, era del todo cierta.

Ya las había oído antes, en innumerables ocasiones. Fábulas en las que era víctima de abandonos, de traiciones, de desamor. Cuentos maravillosos en los que era el príncipe bueno y con los que mantenía engañados y seducidos a los que le rodeaban, no por mucho tiempo, pero sí el suficiente como para ocupar durante una temporada su atención y crearse una aureola de buena persona maltratada por la vida: lo que a él le gustaba parecer.

Sin embargo, la misma vida, en esos momentos, le maltrataba realmente y parecía que tocaba sacar pecho y, saltando por encima de los recuerdos y el miedo, acercarse y saludar.

Sin embargo, el personaje, fiel a su papel, temeroso de que aquella intervención pública demostrase que no era verdad aquello de que nadie se interesaba por él, eliminó la mano tendida de un sopapo, borró de todas partes la posibilidad de que pudiera saberse, se hizo el sordo y el loco, habilidades que manejaba como un actor consumado, no respondió, destruyó todas las pruebas y siguió representando su papel.

Aquel recuerdo a contrapié le estropeaba la escena. Al final, volvieron a sonar los aplausos desde el patio de butacas, pero el hilillo plateado de cualquier esperanza se esfumó definitivamente para él.

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