LA CORTESÍA DE ESPAÑA, DE LOPE, EN LAS NAVES DEL MATADERO. MADRID.

Lope. Y España. Una buena mezcla.

El hombre que no llegó nunca a arriesgar, el que escribía para el vulgo y se paseaba en sotana del brazo de Marta, el mismo bígamo desvergonzado, el mismo galán astuto, el mismo superviviente,  clava el tópico del español imperial en la cruz de la ironía, de la burla, de la autocrítica, si bien es verdad que alguna culpa ha tenido Mestres en poner de manifiesto y desnudar todos los filos del caballero honrado español, estirpe de triunfadores, orgulloso de su casta, oscuro como su rey, amo de un imperio que se deshacía como el queso en el microondas, automutilado por puro orgullo de humo, renunciando al amor  y a la pasión por que no hubiera sospecha alguna de su honor en el trato de la heroína humillada, ofendida, maltratada y débil, a quien el bueno de don Juan protege y respeta hasta la últimas consecuencias.

Un recorrido hermoso por parte del imperio. Italia, Génova, París y Toledo. Los italianos, vistosos, los españoles, oscuros, parcos, ceremoniosos, con jubones negros, golas  y mangas acuchilladas.

Muchos personajes, airosos, ágiles, representados por actores jóvenes. Criados y criadas, amigos, pretendientes… Y el amor, el amor sin dramas, el amor en muchas de sus manifestaciones: la sospecha, los celos, la mentira, la venganza, el abuso, el miedo…  Los dos enamorados acaban juntos, después de sufrir miles de peripecias, sobre todo, la de la pérdida cierta  y no tan cierta, de sus respectivos honores y honras, pero acaban juntos, o revueltos, o matrimoniados, o prometidos, o en la cama, o sin ella…

Don Juan de Silva, la cortesía del imperio, el español de España, no. El bueno de don Juan no se come una sola rosca, pero mantiene intacto su honor. Seguramente, de Lope no podría decirse lo mismo.

La representación fue divertida, la interpretación, muy aceptable, todo agradable, en el tono y en el punto que Lope buscaba para su teatro. El vulgo se divirtió y agradeció la mezcla de humor y de ironía y de melodrama y fiesta: hubo aplausos generosos y varios saludos.

En cuanto al imperio y al honor, conozco a varios que siguen urgándose los dientes con un palillo buscando los restos del aire y dando brillo al coche que mañana le embargan. Antes que Don Juan de  Silva, fue hidalgo del Lazarillo. Lope quiso resumirlo: La cortesía de España. Usted, llámelo como quiera.

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