NOC, TEATRO DEL ARTE. EN EL CORAZÓN DE LAVAPIÉS

Mal empezamos ¡Terror ante la aparición de la supuesta vedette! Algo fallaba, además del micrófono. En seguida apreciamos todos que no cantaban en directo y que se trataba del llamado “play back” a considerable volumen.

La artificiosa sensualidad, simpatía y descaro de la vedette cómica, alumna como todas de la maestra Loles León, no parecía un buen punto de arranque con el público helado y molesto después de un retraso, y cola a pie quieto, de más de veinte minutos. No eran los textos cutres y más que vistos que intentaba encajarnos la artista, por mucha pluma y mallas que la adornasen, los más adecuados para abrir fuego. Sola en medio del diminuto escenario, a un metro de los espectadores y con el micrófono haciendo juegos malabares, sus bromas forzadas y sus grititos de tonta emplumada, lo normal en estos casos, me chirriaban como los goznes del castillo de Drácula.

Conforme la obra, vodevil, revista, cabaret o como queramos o podamos llamarlo,  fue avanzando, el espectáculo fue también levantando, aunque se percibía cierta improvisación, ciertos gags y cuadros que tenían poco ver con el trasunto del mero cabaret y que, a mi entender, no venían a cuento, a no ser que estuviesen destinados a suplir carencias de último momento que la compañía no podía paliar de otra manera.

Los números del antiguo Varietón aparecían mezclados con el entramado de una revista a la americana, mucho número de comedia musical antigua, o una revista de toda la vida, a la española. Cierta originalidad en algunos y sorpresa en otros.

Luego, el buen  hacer de los actores, sobre todo, de ellos, encabezados por un joven bailarín, entregado desde el principio, con muy buenas maneras,  el coro, la gorda, gordo en este caso, cómica, la vedette y el director actor de Varietón, salvaron lo que pareció  un fracaso y nos hicieron pasar un buen rato, sin pretensiones, pero digno dentro del contexto y las posibilidades: energía, entrega, bailes, plumas y lentejuelas, música, muslamen a la deriva, comicidad, descaro…

Salimos satisfechos, después de un comienzo envenenado. Nada que objetar, salvo corregir ciertos errores de texto, de puesta en escena y de trato con el público. Fácil, si hay buena intención y se ponen a ello sin esperar más.

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