TURISMO

Se veía desde lejos: una ermita empinada, casi en equilibrio, sobre el altozano superviviente de la erosión del río. Una ermita que guarda un milagro, allá cuando la Reconquista, y que parece el paraíso terrenal conquistado después de bajar y subir pedruscos y cruzar puentes de piedra.

100_7029 ERMITA DE SAN FRUTOS 100_7037 100_7039

A ambos lados hoces profundas y abajo piraguas y canoas diminutas, como broches de señora en un abrigo de aguamarina. El río rodea igual que  una culebra gigantesca todo el paisaje. El río y las piedras. Y los tobillos clamaban al cielo, azul y plagado de bandadas de buitres, sin que nadie, ni el santo milagrero, les hiciera caso. El asfalto, duro y gris es mucho más sano para los tobillos y las rodillas maltrechas que estas piedras legendarias, pero el paisaje lo vale. Las avispas, que allí, en el campo bruto, son de tamaño superior, nos recibían también con alegría y ni el vértigo quiso perderse la fiesta. Algunos se alejaban de los miradores por miedo a caer como fardos al agua del fondo, mareados de tanto paisaje, de tanta hoz, de tanta profundidad.

Y pasear. Recorrer de cabo a rabo una ciudad monumental. Entrar y salir de cada iglesia, de cada ermita, de cada catedral, de cada edificio famoso, sin tregua, sin descanso, gozosos y enamorados otra vez de las piedras, esta vez talladas, una sobre otra, con los ojos cegados de cristaleras magníficas que casi dan miedo, de coros, celosías, capiteles, medio grabados, mosaicos y azulejos…

100_7240 100_7319 LA CATEDRAL,  ASOMÁNDOSE 100_7340

La España romana, mora o cristiana es de una belleza incomparable. Sus callejuelas, plazas y mercados, sea cual sea el lugar, merecen toda la pena, todo el dolor y todo el cansancio. Huele a carne ahumada, a vino diferente, a patatas con otra salsa, a morcillas o a garbanzos guisados.  Desde las reservas artificiales de Lavapiés o La Latina, Tirso de Molina o Canal, se recuerdan con gustillo, y cierto alivio, las caminatas de purgatorio que nos llevaron al cielo. Aquí, entre el humo, el ozono y el anhídrido carbónico, andamos anestesiados, encaramados a tacones de medio  metro y escarbando debajo de minifaldas imposibles, sordos de gritos y de música, de grupos de borrachos y de bandadas de buitres, perdón, de gentes, que se pasean bajo el cielo de la noche.  Paisajes diversos.

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