DON JUAN TENORIO EN EL TEATRO PAVÓN DE MADRID.

Larguísima. Excesiva desde que fue reconcebida,  porque el personaje y su leyenda son mucho más antiguos que el amigo Zorrilla, en medio de la locura romántica como un ejemplo grandilocuente y  efectista  de un concepto apasionado de libertad.

Fuera de ahí, no tiene sentido alguno. Don Juan, y todos los fantoches que en el mundo son y han sido, son solo eso: fantoches. Muñecos vanos, excesos verbales y gestuales, apariencias ruidosas, amenazas vacías, frustraciones, represiones, miedos y locuras del inmaduro, cobarde y ególatra macho imbécil que existe desde que el mundo es mundo y que, parece, no dejará de existir, disfrazado de noble romántico español, incontrolable e impío, o de moderno aficionado a los juegos de videoconsola, pasando por toda la gama que queráis imaginar.

Sacarlo de contexto solo lleva a añadir parches que convierten lo que es fluido y comprensible en su propio jugo, en un aderezo artificioso que alarga el caudal del río en vueltas y revueltas sin sentido.

Ya el texto original, respetado por esta puesta en escena, se dilata en diálogos chulescos, amenazas, retos, lindezas, apuestas y desafíos a los mortales … y a los demás. No era necesaria la intervención de la vocalista embarazada. Bonita voz, agradables trinos, pero sus intervenciones, necesarias para sacar a los muertos del escenario y cambiar de escena, me sobraban. Me sobraba el desnudo de doña Inés, entregada, cierto, al chulo sin condiciones, pintada como una imbécil al principio, seducida por una Brígida pervertida y perversa, esta sí muy cercana al espíritu del  personaje original. Y me sobraba, sobre todo, el gesto despreciable  de la monja sobre el cadáver de Don Juan. El espíritu del amor que lo salva, acaba escupiendo sobre su muerte, como si de una vulgar ramera de la peor especie se tratara. El ángel que acaba de salvarlo de la condena eterna, le escupe acto seguido. Puro artificio.

Los decorados y el vestuario, modernizados, pueden ayudar a entender la calaña de los personajes, pero al mismo tiempo producen un efecto de cercanía contraria a la idea universal del fantoche español.

No voy a mencionar los estudios, psiquiátricos inclusive, que existen sobre el perfil de este macho frustrado, incapaz de mantener un relación comprometida, ajeno a la idea de la armonía o el consenso, enloquecido por la incapacidad de asumir sus propios errores, de evolucionar, de aceptar al otro con respeto y tolerancia, etc. Pero no es ese el perfil que le ha convertido en una figura de la literatura universal. Es su representación, casi absurda a nuestros ojos, de la defensa sin límites de la libertad individual ante el amor, la familia, la sociedad,  la muerte y el propio dios, lo que le dio renombre eterno. Es la libertad lo que defendía Don Juan, la misma que defendían los reos de muerte o los piratas de Espronceda, por poner un ejemplo, claro está, en otro momento de la Historia.

El texto, magnífico en su alarde exagerado de vida y pasión, los actores, esforzados y con un tremendo trabajo físico y verbal, sobre todo Don Juan y Don Luis, el decorado, muy aceptable. Sobraban elementos secundarios: la obra, bien entendida, no los necesita. En absoluto.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s