MUJERES Y DÍAS

Hay formas diferentes de entrar en el otro, en los otros. Algunos, llamamos  a la puerta y nos  presentamos, esperando a que nos inviten a entrar y sabiendo que solo somos invitados y no dueños. Otros, esperan a ser llamados, sentados al fondo del parque de enfrente, como si los demás tuvieran que rogarles su presencia a la hora del té. Otros más se presentan dando una patada a la puerta y derribándola, como si el universo entero les perteneciera.

Quiero creer que, con el tiempo o desde siempre, la mayoría aprendimos que no hay otro modo de amor que el que dicta la generosidad y el respeto. Ello supone un riesgo terrible, porque levantar la cara y mirar de frente, sin ocultar ni mentir, supone quedar en manos del desconocido que te observa y valora si quiere o no quiere invitarte a merendar.

Hay un grupo enorme de gentes que, asustadas por el miedo terrible al fracaso o al dolor, se relacionan a través de la amenaza, la mentira o la cobardía. No permiten que nadie les observe de cerca, no muestran jamás su verdadero rostro y se defienden a lanzazos si alguien se acerca demasiado, ejerciendo al tiempo la más absoluta de las tiranías.

Pero lo pierden todo, porque lejos de impedir que les dañen, dañan y convierten a quien aman en sus víctimas, en sus corderos expiatorios. El miedo al dolor les lleva a amenazar, a perseguir, a vigilar, a golpear, a mentir… No es la fuerza, sino la locura y la fragilidad la que guía sus pasos miserables por el camino de la crueldad y la mentira, de la manipulación y la violencia, física o psíquica que, a veces, tanto da.

Para desgracia y vergüenza de nuestra sociedad, muchas mujeres de todas las edades sufren, han sufrido y sufrirán en sus carnes el dolor de esa amenaza oculta, de ese miedo  angustioso a levantar su ira, del terror a escuchar sus gritos o sus amenazas, de las amenazas y la violencia de quienes, diciendo que aman, pretenden poseer a otro ser humano porque es la única forma en que son capaces de sobrevivir a su propios miedos y a su propia fragilidad.

Mis deseos de libertad y dignidad para todas las mujeres, de cualquier edad y de cualquier parte. Mi abrazo profundo.

 

 

 

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