PEDRO RUIZ Y EL TÚNEL DEL TIEMPO. EN EL BELLAS ARTES DE MADRID.

Asombroso, realmente asombroso. Había mucha gente en el teatro y una buena parte de ella le  reía los chistes viejos  y de mal gusto y el revuelto de topicazos manidos y rancios que constituyen la mayor parte de su espectáculo.

No entiendo mucho de monólogos, pero sí de tíos cansinos, y este lo es. Lleva décadas hablando y gesticulando como si fuera un nuevo mesías, bajito y feo, que asume con chulería  la ingratitud y la estupidez de los que le rodean. De hecho, durante el espectáculo, se vanagloria de haber predicho esta crisis hace veinte años. ¡Pásmate!

Con Charo Reina en Libertad Digital, año 2014, presentando su “espectáculo total”, muy parecido al que hemos visto en el Bellas Artes. “Total” quiere decir “Pedro Ruiz” en su particular manera de ver las cosas: no hay nada ni nadie más en el espectáculo.

No faltó, y saltó la primera a la pista, el cuerpo en bragas de una señorita llena de aceite y desnudada a medias con muy mal gusto que se contoneaba sobre un escenario vacío y triste, donde otro señor golpeaba un teclado electrónico. Ni un adorno, ni un poco de entusiasmo en decorados ni  atrezzo… Nada. Pedro Ruiz se basta solo para llenarlo todo, a golpe de berrido, desde luego, y de palabrotas de las más conocidas. Y cantando, por supuesto. Cantando peor que mal, que el tío no tiene gota de vergüenza y se quiere y se admira con locura y veneración.

Mal actor, sin ninguna duda, todo el espectáculo tiene  un olorcillo a rancio y a postfranquista y hasta las proyecciones que se hacían tras el escenario eran de mala calidad y peor sonido. Desfilaron desde Lola Flores hasta Arturo Fernández: la flor y nata de las décadas pasadas. Me faltó alguno, pero con su homenaje a los muertos, acabó de llevar al límite el tufillo a crisantemo franquista. ¡Que no nos falte de na!

El himno de España, con la bandera detrás, cantado por el muchacho de marras, con una letra vergonzosa, me puso el vello de punta: veía que de un momento a otro se levantaban los de atrás y le acompañaban  con la mano en alto. A poco me da un flus.

A la salida, entre el viento y la lluvia, recordé el tópico comentario atribuido a Lope, aquello de que es justo dar al vulgo lo que sea de su gusto. Entiendo que yo no soy vulgo, porque no me había gustado lo que me acababan de dar.

Y conforme echaba a andar, recordé a algún que otro escritor e intelectual que conozco, de lejos,  para quien todos los demás, yo incluida, debemos de ser una panda de ignorantes, zafios y superficiales, dado que su sabiduría y sus publicaciones en el ámbito de la investigación están completamente fuera de nuestro alcance intelectual. Y me fui reconfortando.  Va a ser que el vulgo es algo mucho más universal de lo que  había creído. Y que todo es relativo, hasta esto, que no sé cómo llamar.

PD.: Prueba irrefutable de que nuestro viejo amigo sigue fiel a sí mismo y no ha cambiado un ápice en los últimos treinta años, como si se tratase de la momia de Stalin o algo parecido, es el comentario que se oculta tras el enlace que os dejo: es del año 1982. Prometo que lo mío no es plagio.

http://elpais.com/diario/1982/12/03/cultura/407718010_850215.html

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