DE VIAJE.

Tengo ya el pie en el estribo, pero no con las terribles predicciones de mi amigo Cervantes. A la par que él, a la que él se fue, yo vengo, pero con las ansias de la vida.

Y le nombro porque él y mucho de lo que le rodea, su forma de ver y de vivir y su semilla, han sido pan y vino para mí.

Ahora, al cabo de mucho tiempo y de no pocos esfuerzos, no tan cansada como cabía esperar ni tan triste como pudiera imaginarse, salto del estribo al jaco y me marco un paso de tango o unas bulerías.

El quiebro estaba preparado desde hace tiempo. Yo sabía del viaje y lo esperaba. Un viaje largo, espero, que ya no se acabará hasta el mismo final. El viaje de quien se ha ganado el premio del esfuerzo y de la constancia, aunque esté mal que yo lo diga. Llevo meses haciendo ejercicios espirituales para recibir el evento como se merece y ser capaz de aprovecharlo sin prisa, pero sin pausas.

Ya puedo ir a Benidorm, con el mismo rey padre, y a Copacabana si se me antoja. Puedo mercarme un novio lleno de achaques que me espere en el parque por la mañana para echar pan a las malditas palomas (Eso, jamás). Puedo pasarme el día en la cama o levantarme de madrugada e irme de paseo al campo. Puedo viajar en épocas bajas y decidir que mañana es domingo y pasado, viernes. De hecho, lo puedo todo, menos volver atrás: eso no puede nadie. Faltaría más.

La verdad es que tengo la sensación de no haber aprendido gran cosa durante el viaje, salvo a saber dónde me equivoco una y otra vez y comprender que no puedo dejar de equivocarme, así que voy a invertir un poco de este  magnífico tiempo para aprender a  usar otras estrategias para seguir viviendo, y viviendo bien.

Me siento agradecida. Y eso es muy bueno. He sido generosa en sentimientos, con muchos, y no he sido correspondida la mayor parte de las veces. He  sido generosa, en general. Pero, lo que es la vida, en lugar de faltarme algo, me sobra. Y es que tengo de sobra para marcarme el paso de tango o de merenguito. Aunque sea a trancas y barrancas, cojeando o con cistitis. Me sobran ovarios, tiempo y voluntad.

Por eso, desde aquí, os deseo a todos un viaje como el mío y espero compartirlo con vosotros, aunque sea en trenes diferentes, en cruceros diferentes o en diferentes caminos. Voy a ir ligera de equipaje, no admito bultos, y vacía de imposiciones, plazos o sentencias. Lo que dure, duró, que no hay otra: la vida te da poco y si no espabilas, lo más probable es que no te dé nada. El plazo no lo pongo yo, así que tampoco de eso tengo que preocuparme. No debo nada a nadie, no utilicé nunca a nadie ni le quité nada. Lo que tengo y lo que soy me lo he ganado con mi propio esfuerzo, ni he comprado ni me he vendido, nadie me espera ni espero a nadie, no uso ni me dejo usar, así que el camino está libre y el pasito, fácil.

Y me marcho, que el jaco trota y Benidorm espera. La vida de la libertad me llama y yo, todavía, no estoy sorda. Agur.

 

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