CASARRUBUELOS: CON PAPEL DE FUMAR.

Feo, muy feo. Hablar de terceras personas es un defecto muy feo. Y si se hace con palabras groseras y ofensivas, más feo todavía. No te digo nada si se vierten insultos y groserías sobre niños o menores en general. Poco elegante, moralmente sucio y un pelín cobarde. Eso que vaya por delante, con ripio incluido y por el mismo precio.

Yo estoy harta de oír, cuando paso por la puerta de algún colegio a la hora de la salida, a las madres, sobre todo, despotricar de los maestros y profesores en términos tan degradantes que da vergüenza oírlas.

Oigo a mis vecinos, que la pared es de papel, hablar mal del presidente de la comunidad y de sus amigos, y sé, positivamente, que compañeros de trabajo me critican cuando están en grupo, exactamente igual que hago yo cuando estoy con el grupo de enfrente.

Montoro debe de tener las espaldas blindadas en estas fechas porque en grupo, en chat de guachap o en sobremesa familiar, nos acordamos todos de su santa madre.

Parece que la necesidad de desahogo contra alguien o algo que te oprime, con razón o sin ella, forma parte del perfil humano. Cuando alguien te agrede, sea objetivo o no, tenga o no razón para hacerlo, si no podemos hacer frente a la agresión por las razones que sean, nos refugiamos en nuestro grupo cercano y echamos toda la mierda acumulada con mejor o peor estilo: eso depende de la educación, inteligencia y perfil moral de los desahogantes.

Va a ser que hablar y criticar, con poca elegancia a veces y nula reflexión, forma parte de la vida social de todos y cada uno. Los delincuentes amenazan a los jueces, y no pasa nada, los secretarios de partido hacen peinetas a periodistas y público en general, y no pasa nada, los alumnos insultan y faltan al respeto a diario a sus profesores, y tampoco pasa nada, los padres amenazan a los profesores, y pasa menos, los inspectores amenazan a los profesores… Y, solo en este caso, suele pasar algo.

Yo pensaba, en mi ignorancia, que hablar en un grupo de guachap con administrador y sin anonimato alguno, era una actividad privada, fea o bonita, pero privada. Y que por eso, los chat de guachap habían sufrido denuncias y reclamaciones, o sea, justamente por lo contrario de lo que hablamos: El primero de los grandes fallos de legalidad apareció cuando se investigó cómo se transferían los datos por parte de la app cuando para ello se utilizan redes wifi, ya que la información que se envía a través de las mismas, se envía sobre texto plano (Es decir, sin encriptar), de tal modo que cualquiera que obtuviese acceso a dicha red wifi, podía obtener y visualizar toda la información que a través de la misma se enviaba, y aunque acompañada de código adicional, no era difícil su visualización . (http://webysocialmedia.es/2013/whatsapp-y-sus-problemas-legales/).

Es decir, yo creía, don tonteque está a la esquina, que los guachaperos teníamos derecho a que nuestras conversaciones se mantuviesen en la más estricta intimidad, como dice la ley: En este sentido, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que el derecho a la vida privada es un derecho humano, y que:

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, ni su familia, ni cualquier entidad, ni de ataques a su honra o su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques (http://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_a_la_intimidad).  Es decir, yo creía que nadie podía hacer públicas las conversaciones o actividades privadas, como lo que sucede en un chat de guachap.

También creía yo, ya en el límite de la idiotez crónica, que la difamación consistía en:  La difamación está constituida por palabras habladas o publicaciones escritas falsas y no confidenciales, que exponen a cualquier persona viviente al odio, desprecio, ridículo, o que dan lugar a que se les rehúya o evite, o que tienen tendencia a dañarla en su comercio u ocupación.

Por ejemplo, si una persona o los medios noticiosos dice o escribe algo acerca de usted que tiende a disminuir su reputación, o que evite que la gente se asocie con usted, entonces ha ocurrido una difamación. (http://abogados.lawinfo.com/recursos/lesion-personal/difamacion/-qu-es-difamaci-n-.html).

Claro, ahí debe de estar el cogollo de Tudela del asunto: falsas y no confidenciales. Si las palabras habladas o las publicaciones, o sea públicas, son falsas y no confidenciales.

Pero si se han vertido en un chat de guachap con administrador, ¿qué coño son?

Y otra pregunta que me hago: el infiltrado que las fotocopió y difundió desde dentro, ¿ha cometido alguna falta o delito?

Y el cargo público, a quien van a votar sus vecinos en unos días, que denunció las conversaciones privadas a la Guardia civil, ¿ha hecho la criatura política algo malo?

Pues héteme aquí, en este país democrático y maduro, donde todo se mide por un rasero de justicia y equidad y donde el respeto y la pluralidad son irrenunciables, que solo los putos funcionarios de mierda, encima profesores, quedan al margen de lo expuesto.

Tienes derecho a decir en un chat lo que se te venga en gana, siempre que no lo hagas público, (me gustaría escuchar grabaciones de las reuniones de padres y de las charlas en los recreos de los propios alumnos).

Tienes derecho a hablar de un profesional en los términos que te dé la gana y en plena calle. Tienes derecho, siendo menor, a faltar al respeto a tu profesor en clase, antes de clase y después de clase. Tienes derecho a hacerle una peineta al rey en persona o a cagarte en la familia de Montoro, pero, ¡ay, amigo mío!, si eres profesor, se te acabaron los derechos.

El brazo armado de la administración te hace un juicio paralelo, sin juez, te aplica eso que se llama algo así como el Régimen jurídico de las administraciones públicas, o sea, el peso del estado todo entero contra y sobre tus pobres espaldas de profesor de mierda, y te condena administrativamente a lo que sea menester, que siempre es algo menester cuando los padres se indignan, que ellos son mayoría y votan.

Nadie ha levantado una sola voz en la defensa de los derechos de quienes han hecho algo indefendible desde la ética y la educación, pero no mucho más indefendible que la mayoría de las afirmaciones públicas y privadas que se hacen en este país sobre tirios y troyanos, de manera gratuita y vergonzosa, dando un ejemplo indigno a nuestros chavales y jóvenes, permitiendo que estos hagan lo que les dé la gana o insultando en su presencia a los malditos profesores que, luego, tendrán que enseñarles que no se puede hablar mal de nadie, ni en tu casa ni en la calle ni en un chat.

Se me olvidaba: se puede, siempre que no seas profe. Oído al parche.

 

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