NUEVA GUÍA DEL OCIO 4. PISITO DE SOLTERA.

Pisito. Diminutivo. Literal. No pisazo, que tampoco lo era el anterior. Pisito. Más que suficiente para uno solo, pero…

¿Dónde encajar los miles de papeles, recuerdos, fruslerías, regalos, muebles, colchonetas y colchones, floreros, ropa de cama, vajillas miles, mantas y edredones, libros y contratos de hace doscientos años, o más? A pesar de una previa limpia, el rumano, una máquina de trabajar y sonreír con dos o tres dientes a la deriva, se llevó del pisazo hasta lo que estaba preparado para ir a la basura: no quedaron más que las paredes mondas y aquellos muebles que no había forma de encajar en la casita nueva.

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Una paliza que no podré repetir nunca más: esta vez casi me cuesta una enfermedad. Los preparativos, el desorden, la pérdida de todo lo que uno conoce y desaparece de la mano como si se te hubiera perdido un hijo en las rebajas de El Corte Inglés. Sola entre montañas de cajas con el mismo logotipo, apiladas contra las paredes, con la letra del rumano marcando habitaciones, pero preñadas de quién sabe qué. Hay que abrir, destripar, bulto por bulto, encontrar el pijama y el ordenador, la agenda, las sábanas de la cama… Todo revuelto, doblado y ordenado, pero revuelto por la mano de los hombres de la mudanza. Todo allí, pero escondido, oculto, oliendo al polvillo de cartón, entreverado de tocino amarillo y jamón de gasolina.

Y una, que ya no es una niña, se siente impotente ante tanto bulto, ante tanto poliedro amenazante, ante la altura inalcanzable de los cientos de cajas que llegan al techo. Y piensa si no sería mejor tumbarse en el hueco del suelo, a modo de río que corriera por el valle, y esperar a que todas las cajas se te cayeran encima. Y enterrada entre los restos de toda una vida y los cartones de la mudanza, llorar el adiós de aquella otra casa vacía donde quedaron las voces, los colores y los olores de tu vida y de la vida de otros que estuvieron contigo, que te amaron y te hirieron, que te acompañaron y te abandonaron como ahora abandonas tú sus paredes vacías.

Empezar de nuevo. No es fácil volver a hacer un nido, uno más pequeño, más fácil de IMG_20150525_190742limpiar y de asumir. Un nido solitario, luminoso y cercano. Un nido caliente y acogedor, reconocible y abierto. Un nido sin huevos ni crías. Sospecho que por eso viven decoradores e interioristas. Se trata de hacer un nido de un solo golpe, de diseño, y sin claras ni yemas.

Pero a mí no me gustan los nidos de poliuretano. Siempre los he decorado yo misma, a fuerza de vivirlos y compartirlos con otros pajarillos. Ahora, los pajarillos vuelan por su cuenta y habrá que buscar otra fórmula para llenarlo de vida…

He decidido quitarme de encima cajas y enseres a manotazos, levantarme del suelo y empezar. A lo mejor me toca tirar la mitad de lo que tengo. No importa demasiado. He visto aquí también a un hombre árabe, escuálido y oscurecido por el sol, que arrastra un carrito y rebusca en la basura. Tengo para él tantos regalos que nunca hará el Ramadán, no tendrá tiempo.

 

 

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