NUEVA GUÍA DEL OCIO 6. COCINEROS DE ESPAÑA.

Supersabroso, espectacular, magnífico, superbueno, extraordinario, impresionante, supercremoso, superdelicioso, excepcional… Y al fondo, la vocecilla del maestro armero remachando el clavo del peloteo, el halago burdo en plan torero. “¡Qué grande!”

Viven tan pagados de sí mismos que se hacen la pelota a lametones, de la forma más vergonzosa,  hablan en superlativo a todas horas y se intercambian piropos y exclamaciones de infarto, vahídos y entradas en trance en cuanto uno de ellos  echa en agua unas lentejas, les añade un par de zanahorias y un poco de sal, además de un chorreón de aceite…, hasta llegar al orgasmo colectivo. Jamás sentí yo semejante cosa cuando me obligaban a engullir un plato oloroso de lentejas viudas cocinadas por manos mucho más pobres e ignorantes que las suyas, pero mucho más cercanas y cariñosas.

Las lentejas cocidas en agua con zanahorias y la verdura que uno tenga  a mano les parece “espectacular”. A mi abuela y a mi madre lo que les hubiera parecido un espectáculo es poder haberse librado de limpiarlas y poder haber echado al guiso algo más de proteína animal, algo más de jamoncete o algo más de orejilla, choricete  o panceta. ¡Y una mierda son espectaculares las lentejas viudas, las patatas viudas o las viudas de cualquier legumbre o tubérculo!  ¡Una mierda!

Nada tiene de extraordinario cocer patatas en agua, con piel o sin ella, pelar tomates para la ensalada o trinchar un pollo de granja en cuartos… Nada de nada.

Los españoles llevamos siglos comiendo esas mierdas espectaculares, sobre todo, los que no tenemos la posibilidad de parar en Lhardy´s o en Lucio siete veces por semana.

Lo jodidamente espectacular es que, al final, al puré de lentejas viudas trituradas con batidora y no con pasapuré, una pena haberse perdido esa parte del espectáculo, el cocinero grandioso le mete un chorreón enorme de nata líquida, lo adorna con trozos de paté de oca auténtico y de ibérico crujiente. ¡Eso sí que ha sido un espectáculo! Sobre todo, cuando para hacer un puré ha tirado a la basura la mitad de las patatas, para hacerlas todas iguales y cuadraditas, los rabos verdes de puerros, apios y cebolletas, que no quedan monos y saben vulgarotes, echa escamas de sal por encima al espectacular resultado, a millón de euros la escama, y utiliza aceite de oliva virgen del bueno para todo, hasta para engrasar las ruedas de la bici. Con esos peines le hago yo una moña de escándalo a la Pantoja y con una mano atada a la espalda.

Mi abuela decía que a cualquier cosa que le pongas jamón ibérico, panceta ahumada, caviar  beluga o salmón ahumado, por poner un ejemplo, se convertía en un espectáculo… Circense, en el caso de la cocina española. Debieron de comer ibéricos en el biberón: les parece espectacular y superextramaravilloso un puto puré de lentejas. Claro que la nata y los ibéricos ayudan mucho. ¡A mejorarse de la tontería culinaria!

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