NUEVA GUÍA DEL OCIO 9. DE MALTRATADAS Y MALTRATADORES.

El número de  mujeres muertas a manos de la violencia de sus compañeros presentes o pasados es un dato que debería avergonzar a una sociedad entera y removerla de asco desde sus cimientos.

Pero entiendo que esta sociedad tiene problemas más graves que resolver en opinión de sus representantes políticos y de muchos de sus ciudadanos, que no consideran que el machismo perviva y piensan que las feministas, esas radicales de mierda que odian a los hombres, exageran y arriman el ascua a su sardina.

A mí me gustaría, en esta ocasión, explicar algo que a casi todos se nos pasa de largo. El otro maltrato, el silencioso, el callado, el oculto, el que no se ve ni se pude demostrar, el que se esconde bajo la ironía, la broma malintencionada, la humillación sutil, el desprecio, la sonrisita de sátiro, el gesto sádico del que se sale con la suya, la bronca victimista, la pequeña mentira, el gesto de triunfo del manipulador con quien te acuestas cada noche o a quien has parido o a quien parió tu madre o a quien te engendró, da igual, los hay por todas partes y de todos los colores.

Su habilidad para conseguir que durante toda una vida, completa, vivas con una terrible sensación de miedo porque sabes que, en un momento determinado  y sin mediar palabra o conflicto previo, si te mueves o hablas o saludas o te ríes o gastas una broma, el maltratador te va a humillar en público, te va a cuestionar delante de tus compañeros o te va a  montar una bronca que no parará hasta que, machacada, acabes llorando, sintiéndote destruida, humillada y anulada…, provoca la inactividad absoluta de la mujer, que entra en un estado de pánico continuo, crónico, incapaz física ni mentalmente de estar minuto a minuto enfrentándose con alguien que te ataca sin motivo y ha  convertido ese ataque  en algo que le resulta indispensable para sentirse bien.

Durante la mayor parte del tiempo, estos seres adoptan actitudes normales y así se comportan con todo el mundo: amables, simpáticos, cariñosos…, salvo con quien han elegido como víctima (y pueden ser una, dos o más), que normalmente pertenece a su esfera íntima, allí donde nadie puede ser testigo, donde no se puede demostrar nada, donde no hay defensa posible, sobre todo, porque llega un momento en que la víctima, ni tonta ni inculta ni débil, después de haber pasado por un proceso complicado, se instala en el miedo crónico, en la aceptación de que tiene que tener mucho cuidado con lo que dice o cómo lo dice, porque no sabe en qué momento ni por qué, el monstruo con quien convive necesitará arremeter contra ella, criticarla, reírse de lo que hace o dice, cuestionar su trabajo, su cultura o su inteligencia, hacerse el ofendido por no se sabe qué palabra… Si ella calla, se enfurece, si responde y se rebela, también. Ellos no conocen el cansancio, es como si maltratar a la otra, formara parte de su vida como tomarse una caña o dormir la siesta: lo necesitan para sobrevivir.

Perdona, cariño, ha sido sin querer. Es que he tenido un día malo, pero es que tú, con ese tonito, me sacas de mis casillas. Parece que te encanta provocarme. Siempre te metes donde no te llaman. Da la impresión de que estás esperando que llegue para marearme con tus tonterías… Y es que no paras y acabas cabreándome. Luego, pasa lo que pasa y terminas llorando….

Una forma curiosísima de pedir perdón para que todo vuelva a empezar: no sienten bajo ningún concepto arrepentimiento o culpa por lo que acaban de hacer, de hecho, la inmensa mayoría se va al otro barrio sin haber comprendido lo que son. La inmensa mayoría de ellos se creen incomprendidos, buscan razones estúpidas y falsas para ocultar la verdad. Es que nunca me ha perdonado una canita al aire, es que es celosa, es es orgullosa, es que creyó que yo no la quería…

Cuando la mujer los aparta de su vida, si es que tiene fuerzas y valor para salir de ese calvario, los maltratadores-manipuladores psicológicos, montan una historia falsa sobre su separación, normalmente haciendo creer a los demás que ella es inestable, que es orgullosa, celosa o zorra. O, cuando no se trata de la pareja, explican que está mal de la cabeza, que tiene cambios de humor incomprensibles, etc.

No conozco a ninguno, y hay algunas mujeres de su calaña también, sobre todo, mujeres solas o solitarias, que haya comprendido en algún momento de su vida que no quiso a la persona que creía querer, que la utilizó para sentirse bien, la maltrató, la hizo sentir como una basura, como un pelele en manos de un domador de circo, que la besaba y la  insultaba alternativamente sin saber por qué. Y que, encima, le echaba a ella la culpa.

Su falta de respeto, de sinceridad, de valentía, de apoyo y de compañerismo con la mujer son tan evidentes que parece mentira que no nos demos cuenta en seguida de su problema y entremos en un juego del que es casi imposible salir. El final, si una no pone tierra por medio, es  la enfermedad mental y física, como poco.

En cualquier caso, una mujer maltratada de esta manera, jamás será una mujer normal: el sufrimiento de tantos años soportando violencia psíquica gratuita, intentando entender, explicar, razonar… sin conseguirlo, y viéndose avocada a la desesperación o a la ruptura terrible, porque ellos no la admiten ni la entienden, deja una huella incurable para el resto de su vida.

Si estos seres no están locos, renuncio a pertenecer a la raza humana. Prefiero enfrentarme a un animal rabioso: enseña sus colmillos y no me importaría acabar con él. Pero esta otra muerte moral y anímica lenta, provocada por tus propios padres, hijos, hermanos o maridos, es algo tan inhumano, tan cruel, que si no obedece a la locura, me confieso perteneciente a otra raza, a otro planeta, a otro mundo. Un mundo en el que no tendría cabida la existencia de un solo puto maltratador.

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