EL ALCALDE DE ZALAMEA EN EL REMOZADO TEATRO DE LA COMEDIA.

La Compañía Nacional de Teatro Clásico, después de trece años, ha vuelto a su sede natural: el antiguo corral de la Cruz o del Príncipe, en la calle que sigue llevando ese nombre y que fue, no hace mucho, calle de perdularios y prostitutas, a pesar de su egregio nombre.

Ahora, remozada la calle primero por mor del turismo, el comercio y las tendencias,  y luego, el teatro, recién parido, blanco como el nácar, brillante como una perla, sería imposible imaginarlo en su estado original, el estado en el que albergaría por primera vez comedias de costumbres o de capa y espada, más al estilo de Lope.

Nada que objetar a este blanco y joven alcalde de Zalamea. Blanca la fachada y la luz, blanco el frontón que domina el escenario y que es, junto con cierto bailecillo alegórico y la solista virtuosa, lo único que se ha añadido al texto original de Calderón: hay que aceptar que todos queramos poner algo de nuestra sal y pimienta incluso en el guiso más perfecto, siempre que con ello no lo desvirtuemos.

Buen ritmo, estupenda la interpretación, fiel la interpretación de ideas. Nada que objetar a Calderón.  Es casi imposible. Pero es justo recordar que esta obra está tomada en su esencia de otra, con igual título y ninguna fama, de Lope de Vega, especialista en crear comedias donde se trata el abuso de poder y la tensión creciente, e histórica, entre nobles y villanos, tensión en la que la monarquía no tiene más remedio que mediar. La cosa era complicada. No nos resulta nada extraño a los españolitos de hoy.

Muy joven para padre de Isabel  nuestro amigo Carmelo Gómez a quien, no puedo negarlo, veía continuamente en las trazas del magistral de La Regenta. Todo lo demás, tan hermoso como degustar un guiso de los de las abuelas, sin una gota de colorante, suavizante ni conservante: Felipe II iba a exigir sus derechos al trono de Portugal, don Lope de Figueroa también tuvo vida en la historia, los tercios españoles no eran moco de pavo, el honor, la honra, villanos, militares… y la historia y la leyenda de este país, de fondo, de caldo, de salsa, de una de las más bellas comedias de nuestra literatura, sea quien fuere el primero que la parió.

 

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