NUEVA GUÍA DEL OCIO. 15. LIBRES AL FIN.

Oigo ahora, a lo lejos, en la voz varonil y clónica del locutor de radio, cómo Madrid es atacada por millones de vehículos que intentan acceder al centro y ocasionan atascos, contaminación, nervios, retrasos en el trabajo, gasto de combustible y, sobre todo, gasto de vida inútil, perdida en las ansias de llegar a un lugar donde, seguramente tendrás que conformarte con un sueldo miserable a cambio de la absoluta esclavitud, el chantaje y la amenaza. Mientras tanto, bonitas filas de bicicletas, cuya organización nunca funcionó, adornan calles de Madrid para uso y disfrute de los que ya están dentro y no necesitan, para nada, un coche: tienen Metros y autobuses para dar y tomar.

Y también oigo cómo meten en la cárcel a titiriteros anarquistas, cochinos ellos, incomunicados, mientras campan por sus respetos, con abrigos de piel de camello, delincuentes y ladrones convictos y confesos.  Escucho cómo vale lo mismo la muerte de un niño atropellado en un paso de cebra como la exposición, seguramente inapropiada, de ideas que van en contra de nuestros actuales valores occidentales.  Los pederastas de colegios maristas, en libertad provisional, los titiriteros anarquistas, a la trena.  Se me estremecen las neuronas.

Y sigo escuchando cómo los mismos que no consideran responsable a su líder de la corrupción profunda de todo su partido, piden la dimisión de una concejala de cultura, responsable última de los desmanes culturales cometidos en su departamento. Oigo decir que hay menos paro, pero que hay menos afiliaciones a la Seguridad Social, que hay más trabajo y cada vez más hambre, que somos donantes maravillosos de órganos y dejamos morir en nuestras costas a miles de seres humanos de color desagradable y trazas inidentificables.

Y no me canso de leer y escuchar proclamas y reclamaciones de justicia y libertad a vagos y maleantes, a parásitos que jamás hicieron nada por su país ni por su gente y aprovechan para sacar partido si se les pone a tiro, vendedores de productos robados que lloran ante las cámaras por la injusticia de su detención, pobrecitos ellos, y a padres y madres que, lejos de asumir su culpa y responsabilidad en la vida desastrosa de sus hijos, echan la culpa a tirios y troyanos de sus problemas, sus huidas o sus suicidios, como si la paternidad fuera un accidente fortuito y la crianza de sus cachorros no les correspondiera, fundamental y casi exclusivamente, a ellos. En un país donde se presiona al profesorado, cada vez con más alumnos en clase y menos recursos,  para que apruebe como sea, luego nos quejamos del ínfimo nivel de nuestros chavales en pruebas europeas…

Puto postureo. Todo es mentira. No hay un solo líder con la cabeza en su sitio y la honradez en el corazón. Todo es aparentar, parecer, corear, seguir al rebaño, aunque sea de moscas comemierdas. Ni un puto análisis, ni un puto hombre o mujer libres: hasta los periodistas repiten, cada uno en su cadena, las mismas proclamas y quejas, ataques y mentiras contra el contrario, da igual que sean de supuestas izquierdas o derechas. La estrategia de enmierdar  y mentir  es la misma… Ni un puto análisis honrado ni una puta autocrítica.

¡Qué tremendo cansancio!

Por eso, he elegido hacer uso de mi libertad. Vuelo a donde quiero, no escucho a nadie, no me meto en atascos de tráfico ni uso bicicletas de alquiler, no me importa lo que digan ni unos ni otros, uso mi propio criterio, guste o no guste, escucho a los profesionales que me merecen confianza y a los otros, no. Creo y confío en mí, y no siempre, amo a los mismos que siempre amé y no desgasto ternuras y compromisos en títeres  de contrachapado. Disfruto con lo que me hace feliz, me levanto cuando quiero, me acuesto cuando me da la gana, escribo si me apetece y si no me apetece, no. Lo que oigo me entra por el tímpano izquierdo y me sale, casi de inmediato, por el derecho. Solo observo hechos y los someto a estricta investigación, aparte de a debida fermentación en cubas de madera de roble. Luego, abro y huelo: muchos van derechos al fregadero.

Veo amanecer casi a diario, no entiendo de horarios ni normas. Gasto el tiempo que me apetece en pintarme y vestirme, conduzco, cocino o no cocino, contesto o no contesto y a los que me intentan hacer daño, aun sin darse cuenta, los elimino de mi vida y mi camino como a las hojas secas esos malditos monstruos que las levantan del suelo, junto con el polvo y la mierda, ensuciando a los transeúntes, haciendo un ruido infernal y creando problemas de tráfico.

Yo prefiero el antiguo cepillo de cerdas duras. Se cogía con las dos manos, se posaba en el suelo y se empujaba con fuerza: la mierda entera iba delante sin poderlo evitar hasta el carrito correspondiente. Me encantaría volver a verlos por las calles de Madrid … y por otros lugares, también.

No tengo nada que perder. Me he ganado la libertad a pulso y he pagado y pago por ello, porque todo tiene un precio. Ya he recogido los frutos y podado: el que venga detrás, que arree. No voy a volver a sembrar. Toca mirar el paisaje y volar.

 

 

 

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