NUEVA GUÍA DEL OCIO. 16. EL DIARIO.

Ha aparecido como una respuesta a alguna maldición, cuando maldita la falta que hacía. Entre papeles antiguos, contratos, facturas, proyectos de investigación, planes de jardinería, sentencias judiciales o facturas de compra pantagruélicas. Todos caducados.

Los cuadernos están nuevos, o como nuevos. No se ha borrado ni una coma. Y no me reconozco ni reconozco a casi ninguna de las sombras que pululan por ellos.

Todos han sido vencidos por el tiempo y el olvido. Todos, no. Es verdad. Algunas de esas sombras merecen mi eterno recuerdo y otras, por motivos diferentes, también.

Algunas páginas chorrean sangre, a borbotones, otras, ternura o pasión. Pocos datos objetivos, es lógico. No se trataba de ello.

Reconozco entre las sombras a aquellas que saltan de un día a otro, de una línea a otra, que están presentes siempre, que siempre son motivo de reflexión, y entre ellas,  a  algunos que se llevaron mi vida entre sus uñas, posiblemente, sin darse cuenta, sin querer. Se quedaron en sombras para siempre, parece que la vida no les dio otra opción o no fueron capaces de usarla. Lo cierto es que si la venganza fuera una crema de orujo con hielo, estaría completamente alcoholizada: la vida se ha encargado de servirme unas cuantas copas, de gratis. Pero el hígado también sufre y en  mi caso no es diferente.

Poco más. No sé quién es la que escribe y en muchas ocasiones, lo poco que he releído de lejos y con reparos, no lo entiendo. No sé qué esperaba, pensaba o buscaba. No entiendo esa paciencia de monja de clausura para dejar que la vida pasase sin darse cuenta. Ni entiendo cómo pudo soportar a veces su enorme prisión, sus múltiples obligaciones o sus dolorosas soledades.

El círculo se cierra. Y estoy dudando entre la quema en la hoguera, la publicación vergonzosa o el lanzamiento de páginas en algún lugar público. Sospecho que algunos pagarían por recoger los pedazos y poder leer. Pero no será. Tanto vintage huele a panceta rancia. He dejado que  los papeles decidan dónde ir: no sé dónde están, de nuevo. En el futuro, alguien los encontrará y se meará de risa… O no.

 

 

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