RINCODILLO Y CORTADETE: CONEJERO NOS LA METE… EN LOS TEATROS DEL CANAlL

Hasta la empuñadura. No se dejó ni un solo tercio ni un solo pase torero de los más conocidos sin utilizar.

Una novelita extraordinaria, corta, deliciosa, originalísima, donde la escena central y el final inesperado, por el que el genio creador, Cervantes, deja escapar una de las características básicas del género, son de los más bello y misterioso que uno pueda degustar.

Una novelita “ejemplar”, ya lo explicó su autor, que se lee de un tirón y te deja en el alma la curiosidad por  los misterios de la vida del  manco, que no era tal, aunque los dos remedos de pícaros no paran de repetir que le faltaba una mano: hoy sería un discapacitado por herida grave en acto de servicio. Pase de pecho.

Y a puerta gayola. El  conocimiento profundo del mundo del hampa y su lenguaje, nada extraño en otras novelitas igualmente ejemplares, como el Coloquio de los perros, y el de otros submundos marginales llama la atención sobre la vida del soldado orgulloso y escritor soberbio: ocultó su vida, nada ejemplar en muchas partes, y los caminos que le permitieron conocer el hampa o el mundo de la brujería. Pero a puerta gayola nos reciben dos payasos disfrazados con sendos chandals de diseño, vocabulario soez y una crítica social a nivel de las páginas interiores del Hola, y soy misericorde.

Piden al rey y al autor que sea veraz y cambie una novelita de oro para que sus vidas, no sabemos cuáles porque no nos las cuentan, sean recogidas verazmente, y por eso, están presos en una cuadrícula que mira un pastiche de Las Meninas, sin personajes. Claro, y ahora viene el molinete, reinaba ya Felipe IV,  fácil de confundir con cualquier otro Felipe, total, tanto dan Austrias que Borbones: en la peluquería, para entretenerse un rato no va a entrar uno en tantas florituras.

Tricornios, peluconas, pinturas de payaso, harapos miserables, arcón de cómico de la legua… Y pasajes de la obra original, y aun del pasaje de los galeotes de El Quijote, son fusilados tranquilamente en esta estupenda obra basada, basamentada, articulada, colada y muerta de estocada algo baja y con necesidad de apuntillar al manso.

Perdida ya entre pase y pase, chiste de comedia de Lina Morgan, crítica facilona sobre anécdotas de peluquería de barrio y danzas populares como la Macarena o peleas de gallos raperos, lo que se sucede al final, uno de ellos, empieza a ponerse chungo, y una sospecha que la va a espichar en mitad del ruedo.

Resulta que Cervantes les dio la eternidad, pero uno se muere. Resulta que Cervantes no quiso que fuera realmente una novela picaresca, y no sabemos quiénes son ellos ni qué coño quieren, salvo contar chistes y chismorrear, sin pringarse, de las últimas tontadas del momento. Aunque faltó el fútbol.

Resulta que don Miguel no les dejó vagabundear ni pasar de amo en amo ni tampoco pasar hambre ni adoptar la estructura de una novella, italiana ella, sino casi de una obra teatral, chiquitita, donde lo que realmente llama la atención es la descripción de la cofradía sevillana que se reúne en el patio de Monipodio, la gracia de sus personajes, su realismo, su alegría y  sus contradicciones.

Pero uno de los payasos de Conejero, eterno según su amigo por la mano de Cervantes, la única que le quedaba a su entender, se muere. ¿Puede morirse una fantasía eterna? Manoletina. El otro se queda eternamente mirando el cadáver de su amigo. Joder, qué mal rollo.

Deberían haber  muerto, los dos,  casi tres cuartos de hora antes. Yo sentía la agonía desde mi butaca y no sabía si ayudar o no a descabellar. La falta de respeto por el más grande narrador en lengua hispana, las cosecha de mal gusto y falta de conocimiento e interés por uno de nuestros genios, el sinsentido de la obra en general, que unas veces parecía el guiñol del tío Pepote y otras un remedo de la obra de Pirandello, mal escrita y peor terminada, nada tenía que ver con…nada. Américo Castro escribió, hace mucho tiempo, una especie de nuevo testamento: El Pensamiento de Cervantes. Es gordo, lo confieso, pero muy ilustrativo: puro aceite de ricino para estreñimientos varios.

A la próxima, me apunto a ver El Quijote en versión de las marionetas de Herta Frankel. Sería todo un lujo profundo e intelectual, fruto del análisis y estudio exhaustivo del sentido de la obra. Estoy segura. Total: pagamos el esfuerzo con los impuestos de todos, así que no es de extrañar que se tomen autores y directores tantas molestias para corresponder al bien público.

Descabellado el animal y mientras tenía lugar el arrastre a mis espaldas, se me encendió la luz y comprendí por fin el significado de la corrida: acababa de asistir, sin darme cuenta, a la última actuación de Pajares y Esteso. Qué tonta está una a veces.

 

 

 

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