IDIOTA. EN EL NUEVO TEATRO PAVÓN DE MADRID.

Absolutamente idiota. No hay la menor duda.

El caballero dulce de mi izquierda, muy bien acompañado por otro caballero, muy a la moda modernita los dos, comentaba al final de la obra: “Aplauden, pero no les ha apasionado. Se nota”. ¡Cuánta generosidad!

Si en lugar de Gonzalo de Castro hubiera sido Paco Martínez Soria el protagonista,  la obra hubiera sido calificada de juguete cómico, sin más ínfulas ni mensajes, y hubiera sido despreciada con un gesto prepotente por la inmensa mayoría de los compañeros que ocupaban el patio de butacas.

Sobreactuado en todo momento, Gonzalo de Castro, mitad fantoche mitad bobo, en el papel de un  personaje absurdo,  sin profundidad alguna, transmite las ideas del autor sobre el perfil del españolito medio. ¿O no?

¡Una mierda!  El niño de 10 años más tonto de mi barrio responde a la velocidad del rayo a una pregunta del tipo cómo es posible que alguien que no lleva paraguas ni nada para taparse la cabeza no se moje ni un solo pelo en el caso de que llueva de repente.  El señor Varela, protagonista del zurullo, las pasa canutas y está a punto de poner en peligro la vida de sus familiares porque no es capaz de responder correctamente ni a esa pregunta ni al resto de un estúpido test de nivel de niño de seis años llevado a cabo, muérete moreno, por una científica alemana de altos vuelos, respaldada por una asociación científica internacional que secuestra al imbécil español para comprobar con semejante test si él y  otros 999 idiotas internacionales serían capaces de rebelarse ante la presión del poder.

 

Y es que la teutona se le insinúa al principio, le impide salir, le amenaza con una pistola para que no se vaya mientras acto seguido apela al contrato y al dinero que le van a pagar para impedir que el memo intente irse de nuevo con la música a otra parte. No hay nada ni nadie más. Un conjunto de atrocidades que insultan la inteligencia y la capacidad de razonar de cualquier españolito que haya aprobado la Secundaria, aunque sea con alguna asignatura pendiente. El idiota no se va porque se rebele: se va porque no es capaz de contestar a preguntas tan idiotas como él y eso, como buen fantoche, le humilla. Hipótesis de carácter intelectual de un calado poco usual… ¡La leche! Parece que hay epidemia de moralina barata entre los jóvenes autores españoles. Caca, siempre caca.

Total, para que al final se nos descubra que IDIOTA son las siglas de una asociación científica que estudia hasta qué punto un memo obedece y soporta el  poder sin rebelarse. Joer, si el poder se me insinúa y está bueno, me encierra con un pomo electrificado, me amenaza con una pistola, me chantajea con herir a mi familia y  me ofrece un dineral por responder a preguntas idiotas…  Obedezco y me someto a todas y cada una de las partes de la cuestión, teniendo en cuenta además que nunca aprobé Secundaria y soy un fantoche y no un personaje mínimamente creíble.

Minutos interminables con dos personajes que hablan entre ellos en un diálogo de besugos desprovisto de acción, de pasión y de inteligencia alguna. Quizá hubiera dado para un monólogo. El teatro, el buen teatro, es otra cosa, señores.

Aviso: dependiendo del día en que vayas a solazarte con este idiota, pagarás 18 o 20 euros. Cosas de la vida.

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