DE CAZA Y PESCA.

DEDICADO A M., ESA HERMOSA PELIRROJA.

No quiero que nadie se ofenda, que lo hará porque muchas personas se dan por aludidas cuando se establecen conceptos generales teóricos o filosóficos, como si ellos fueran la propia manzana de Newton o las leyes de Mendel se hubieran basado en el DNI de sus cromosomas. Luego, y es lo más gracioso, si les insultas abierta y personalmente con una sonrisa, aceptan el epíteto sin sentir la más mínima ofensa. Milagros de la psique humana.

Dicho esto, paso a trascribir una conversación poco menos que graciosa que mantengo a ratos con algunas congéneres femeninas y que causa risa, regodeo y sorpresa general.

Mantengo la hipótesis de que entre los machos heterosexuales solo hay tres perfiles básicos en relación a su modo de cortejo.

Para las hembras es altamente interesante estar advertidas sobre este particular porque muchos daños centrales,  laterales y colaterales sobrevienen de la ignorancia con que somos educadas al respecto.

Primer perfil: cazador. Aquí, el macho mantiene las actitudes propias del hombre del Paleolítico: tiene armas rudimentarias, pero efectivas, que le permiten acosar a la presa de múltiples maneras hasta conseguir su objetivo. Las armas abarcan un amplio abanico de posibilidades, desde el ramo de flores típico y la invitación a cenar hasta la petición de amor en un programa cutre de la tele, la espera en la puerta de la casa, las llamadas de teléfono o guasap, los regalitos, los encuentros casuales planificados, los halagos continuos, las historias de pena, la búsqueda de actividades comunes, los ofrecimientos de ayuda… En todos los casos,  el macho adopta una actitud eminentemente activa, desarrolla una tremenda actividad y se arriesga, eso hay que reconocerlo, a ser embestido por la fiera o a ser rechazado por ella ante la vista del público y el conocimiento general. El hombre del Paleolítico es un valiente que da por hecho que el que algo quiere, algo le cuesta y no le importa que todos se den cuenta de que va detrás de alguna hembra con intenciones variopintas, porque el objetivo general puede tener múltiples matices: sexo, medio sexo, solo sexo, sexo y compañía, sexo y ayuda, sexo y trofeo social, etc.

Muchas veces, el cazador alimenta su ego con estos trofeos de caza y hace muescas en las cachas del revólver, narra sus hazañas entre los amigotes e, incluso, los menos elegantes  se las cuentan a sus propias presas recién cazadas para demostrar lo buenos que son cazando y lo fácil que les resultaría emprender una nueva cacería y sustituirla por otra si ella se pusiera tonta.

Segundo perfil: pescador. Aquí, aunque el objetivo sea el mismo, la estrategia cambia profundamente y las motivaciones sicológicas del deportista son muy diferentes. El  pescador antepone la seguridad y la simulación al propio triunfo. Es un ser paciente y no le importa esperar con tal de que la presa sea la que se acerque al anzuelo y tome la iniciativa, una vez esté todo el escenario preparado, de manera que nunca pueda achacársele a él la responsabilidad del encuentro. El pescador no necesita más armas que su encanto personal y su capacidad para la simulación. Es un encantador de serpientes nato y, normalmente, un consumado exhibicionista. Atractivo de forma natural, no necesariamente guapo, desarrolla a su alrededor una serie de incógnitas y misterios bellísimos al par que un abanico de virtudes personales y sociales, de promesas ilusorias intangibles y elementos extraordinarios tales que algunas mujeres no pueden rechazar el deseo de nadar hacia el oscuro misterio que encierra  su inmovilidad. Una vez mordido el anzuelo, la situación de la hembra se torna mucho más peligrosa que la de la pieza de caza. Ella misma se ha puesto en manos del pescador paciente que no dudará en echarle en cara que él jamás le dijo esto ni lo otro, que nunca fue a buscarla, que nunca le prometió nada, que nunca …

La sensación de burla, de engaño retorcido, de humillación, es muy superior al de la pieza cazada  con esfuerzo y a la vista de todos y las consecuencias sicológicas para la besuga, mucho peores.

Tercer perfil: trastornado. El más peligroso de los tres. Este es el perfil de todos los que no se adecuan a los dos anteriores, es decir, de los que parecen maravillosamente normales, de los que ni cazan ni pescan, según sus propias palabras. Es el perfil de los que te entienden muy bien, de los que saben escuchar, de los que no presumen de maxipene ni de ninguna otra posesión material, de los que aparentan una inmensa ternura, de los que saben hablar de cosas femeninas, de los que quieren acompañarte a ir de compras, de los que saben cocinar y planchar, de los que llevan la administración doméstica mejor que tú, de los que tienen paciencia en los días lunares, de los que lo perdonan todo, de los que sienten sincera admiración por tu inteligencia y tu sensibilidad, de los que se confiesan fieles por principios éticos…En fin, de los paranoicos, traumatizados, acomplejados,  tímidos extremos, maltratadores sicológicos, etc. Lo malo es que una no suele darse cuenta hasta que ya es demasiado tarde porque estos hombres han desarrollado, mucho más que los otros, la habilidad del disimulo, el engaño y el autoengaño y convencidos como están de ser estupendos y tener siempre la razón, no cazan ni pescan, esclavizan, actividad con la cual se sienten satisfechos y compensados todos sus problemas íntimos. Sus habilidades son mucho más depuradas que las de los anteriores, indetectables salvo en la convivencia continua y tremendamente efectivas y peligrosas.

Con razón decía un sicólogo, o dos, que cuando sientes algo especial y poderoso por alguien a quien acabas de conocer, hay que poner especial atención porque seguramente se trate de una relación tóxica. Ya sabéis lo que pasa con los santones, predicadores, líderes políticos y religiosos: te llevan al huerto sin conocerlos y luego, te sacan las tripas. Los tíos que te dejan muerta a primera vista, también.

Advertencia final: no quiero despedirme sin comentar que muchas mujeres han adoptado en los últimos tiempos perfiles idénticos a los de estos hombres, fundamentalmente mujeres cazadoras. Las pescadoras han existido siempre y los machos se acaban casando con ellas. Unas y otras, en este caso, se incluyen dentro del  grupo de las trastornadas, en caso de las hembras, el grupo general. Obsérvese que no hay otro modo de explicar después de lo dicho nuestra afición a estos tres deportes, salvo el trastorno genético que sufrimos desde antes del Paleolítico.

Y una vez terminado el tinto de verano y las patatas fritas, doy por terminada la sesión. Amén.

 

 

 

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