LA BRUJA, DE C. LACKBERG: PREPARADA PARA VENDER MÁS.

675 páginas numeradas, sin contar el resto de anexos. Un pedazo de libro, desde luego.
Y una avalancha de personajes que salen de un lado y otro de las páginas de tal manera que reconozco que al cabo de unas pocas ya no sabía quién era hijo o madre de quién, suecos todos y raros todos por supuesto. A lo mejor es que me vencía el sueño y no el peso de tanto gentío suelto.
Superado el shock de novela inmensa, sabiendo que pertenece a la saga famosa de los crímenes de Fjälbacka y que buena parte de la trama se desarrolla en la ciudad de Tanumshede, recobré la calma y la esperanza, pero no…
Alguien debió recordarle a la autora las críticas que se le hicieron a un autor universal, manchego, que lió y requetelió la trama de su primera parte de la novela de las novelas incluyendo historias intercaladas que desviaban la atención del público del hilo fundamental.


Pero aquí se trata de una madeja enredada, llena de cabos sueltos con puntas deshilachadas que tienen su propio nombre y sus propios problemas cada uno. Una vida haría falta para recorrer y conocer las interioridades de los vecinos, conocidos, relacionados, interesados, incluidos, atacados, parientes, amantes, visitantes y todo tipo de aledaños que pululan por la novela con la misma importancia y detalle que si todos fueran protagonistas.
Vamos a ello con los más importantes, para ver si os sirvo de alguna ayuda:
En la comisaría de policía de Tanumshede hay, en la élite, tres policías, Gosta Flygare, Mellberg y Patrik. Patrik tienen una madre, Kristina, con un novio con el que se va a casar (hasta ese detalle sabemos desde el principio), pero Patrik además de hijo, es marido de Erica, con quien tiene tres hijos, Maja y los gemelos, Noel y Anton. Erica, a su vez, tiene una hermana, Anna, que si no recuerdo mal, está casada con Dan (el parto de Anna deja a la novela en el paritorio hasta más ver).
Karim, Khalil y Adnan son tres refugiados sirios, estos dos últimos más jovenes, pero Karim, casado con Amina tiene también dos hijos, Hassan y Samia.
Por otro lado, las presuntas secuestradoras y asesinas de la primera niña, Stella, son Helen Person, cuya pareja es James, con quien tiene un hijo, Sam, y Marie Wall, que tiene una hija rebelde, gorda y fea, Jessie, que será pareja de Sam.

El comienzo de la novela es complejo, trabajoso a fuerza de presentar grupos y tiempos diferentes. Luego, ella los va entrelazando con habilidad, se lo reconozco, y nos damos cuenta de que el aluvión de personajes está comunicado entre sí de diferentes maneras y la trama va a ir dando forma a un tapiz en el que se tejen fundamentalmente, tres situaciones y tres tiempos narrativos diferentes: el tiempo en el que Nea, un niña de cuatro años, es secuestrada, asesinada y abandonada luego en el mismo lugar en el que otra niña, Stella, es secuestrada, asesinada y abandonada treinta años antes. Las dos niñas vivían en la misma finca, antes de una familia y ahora de otra, los presuntos homicidas de la primera niña están en el pueblo cuando se comete el segundo crimen y el mismo personaje, Harald, el panadero, encuentra los cadáveres de ambas niñas con esos treinta años de diferencia. Pues bien, ninguna de estas casualidades mágicas, que anuncian misterios y relaciones entre sí, se cumple: la burbuja se desinfla pasada la mitad de la novela y de los misterios entretejidos y adelantados no queda nada, absolutamente nada. Trampa saducea y cruel de la autora.

Hay un tercer tiempo-espacio: la Europa perseguidora de brujas de finales del siglo XVII y una bruja buena desheredada por el destino, sola, con una hija pequeña, que sobrevive en ese entorno hasta que el odio de su hermana, la traición de su amante y la maldad del pueblo la llevan a la muerte no sin antes lanzar una maldición cuyo desarrollo dará lugar a una segunda parte milimétricamente calculada también por la autora, porque en este volumen, la historia de Lenin no tiene absolutamente nada que ver con el resto de la trama y es un simple pegote de lo más molesto: el dinero de una continuación no justifican el tedio de semejante añadido.

En resumen,  tenemos dos muertes de dos niñas de la misma edad, en el mismo sitio, de la misma manera, encontradas por la misma persona… Al final, todo son coincidencias y accidentes y si te he visto, no me acuerdo.
Una mujer valiente, viuda y con una niña pequeña a la que adora, es finalmente acusada de brujería y ejecutada después de maldecir a su propia hermana, a su marido y a una vecina: ninguna relación con la novela (y le da título). Se te queda la cara de papel de cera.
Los refugiados sirios, que no sabemos qué pintan en la historia, van y vienen sin saber muy bien por qué ni a dónde, unos los quieren, otros los odian, ellos son todos unos héroes… Otro sin sentido más.
Los hijos de las presuntas asesinas, Helen y Marie, son a su vez dos niños acosados y maltratados convertidos en sicópatas adolescentes que se cargan a sus compañeros en una orgía de sangre impresionante, tan impresionante como la crueldad de la que hacen gala todos los adolescentes que aparcen en la trama, tanta como la indiferencia que sus padres, todos, sienten por la educación y el cuidado de sus hijos: los niños suecos viven solos, se crían solos o al cuidado de su hermanita mayor y no se sabe nunca dónde están ni con quién.
Marie, la actriz famosísma, bella, fría como el acero y mala como un dolor resulta ser casi la unica inocente cuyo único crimen es seguir enamorada de la otra presunta asesina, su amante desde la adolescencia. Y justamente el marido de esta, amante de su propio padre, es también el asesino de todo bicho viviente, por lo que su propio hijo le pega un tiro en la cabeza al final de la novela…. La mía, la cabeza,  me ha dolido a mí ya en los finales de tanto lío, sangre, venganzas gratuitas, trucos sacados de la chistera, coincidencias y señales misteriosas que se quedaron en agua de borrajas.
Como muchas otras veces, la cantidad no va unida a la calidad y querer rizar el rizo y sacar una saga de donde no hay agua lleva a formar pozas y pantanos. Muy tediosa la novela, muy larga, muy lenta en descripciones y detalles secundarios y toda ella una inmensa mentira argumental que ofrece señales de humo dónde nunca habrá fuego: apuesto doble contra sencillo a una pronta segunda parte con despliegue publicitario monumental. Una desilusión sueca.

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