DIVORCIO, ABORTO Y PROSTITUCIÓN. UN EMBOLAO DEL COPÓN, CON PERDÓN.

Ley del divorcio. La pera limonera, el fin del mundo, el caos cristiano católico, los infiernos abiertos, la promiscuidad pública, la condenación eterna…. Se lió la de dios es cristo.

Años ochenta. En contra, la derecha, la iglesia, las buena gentes…..

Y lo que causaba tanto encono, escándalo y miedo era, además,  una mezquina concesión: tenías que demostrar que había algún motivo para pedir la separación, no bastaba con que se hubiera roto el amor, no, tenía que haber de por medio cuernos, violencia, enfermedades mentales y/o vicios de los ilegales.

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Luego, si había lugar, tenían que pasar dos años de hecho sin convivencia y, después, podías solicitar el divorcio. Claro que en ningún caso dejabas de estar casado para la iglesia si la iglesia te había esposado, desposado quiero decir, aunque si eras ricachón, podías pedir la nulidad, que es una cosa estupenda que te lima parte de la neuronas y restaura el ordenador a situaciones pasadas borrando todo lo demás. Aunque te hayas estado acostando, no entremos en detalles, con otra persona durante treinta años, si te anulan el matrimonio, vuelves a los 25, antes de darle el sí en el altar de la iglesia de los Jerónimos, por poner un ejemplo, y no queda huella alguna de la convivencia pasada. Vamos, la máquina del tiempo a precios desorbitados. Muy católico: se lavan los pecados y los roces con pelas o con oraciones, tanto da, como si tal cosa, ventaja que no ofrecen otras religiones mucho menos flexibles.

Pero se aprobó y los españoles empezaron a separarse y a divorciarse después de haber defendido la libertad al grito de: no te obligo a separarte, pero no me impidas tú hacerlo. Respeta mi libertad, o algo parecido.

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Vino luego la ley del aborto. Crímen legal, despropósito moral, condenación eterna, caos infernal y dudas y más dudas para los científicos y las parturientas. Confieso que no tengo criterio objetivo, a lo mejor es que no lo hay. ¿Cuándo un organismo vivo puede ser tratado y respetado como un ser humano en toda la extensión de la palabra? ¿Hay humanos en potencia y humanos en acto? ¿El huevo es un pollo en potencia o no? Ni puñetera idea, pero con más dificultades morales y legales que en caso del aborto (la izquierda y la progresía defendía y defiende la libertad del la mujer para hacer con su cuerpo, con un solo DNI hasta después del parto, lo que le parezca oportuno), se aprobó con muchas condiciones, muchas de las cuales, no así en el caso del divorcio, permanecen.

La lucha por defender la libertad de los individuos y exigir el respeto por las acciones individuales fruto de las distintas sensibilidades y creencias es antigua, unos cuarenta años de antigüedad, vamos, como las pirámides. Mi libertad acaba donde empieza la tuya, oración no tan sencilla de analizar como parece, cuya realidad oculta es también dificilísima de organizar. Porque, claro, el humo no entiende de muros ni fronteras y si el humo te molesta porque se va a tu nariz, ¿dónde queda mi libertad? ¿Y la tuya? El problema se acrecienta con otros sentidos como el oído y la vista: me toca tragar todos los anuncios que cuelgan por la calle, escuchar todas las músicas y ruidos de los demás, dormir cuando ellos se callan, aguantar los camiones de la basura, digo del Medio Ambiente, los sopladores de hojas, los cortadores de setos, los martillos de las obras, los gargajos de los viejos y otras hierbas, a mi lado, en mitad de la calle, los gritos de los vendedores, el espectáculo terrible de los marginados pidiendo en las aceras, las meadas de los guarros de madrugada y otras nuevas hierbas, las prostitutas de los polígonos… ¿Dónde queda mi libertad para no recibir todos estos mensajes que me molestan y me duelen?

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Claro que estas últimas, las prostis de los polígonos, no me molestan porque viven en otro estadio de la realidad. Y son libres de hacer lo que quieran con su cuerpo, como los divorcistas y las abortitstas. ¿O no? Los progres, los de izquierdas, que defendieron a muerte la libertad de los que querían romper con el vínculo matrimonial y/o decidir sobre sus embarazos… ¿Se oponen ahora a que las mujeres y los hombres vendan o alquilen su cuerpo si les da la gana? ¿Como la Inquisición?

Y la lógica de este trío atacado y defendido por la misma ideología me desborda. Claro que hay que impedir la violencia, la esclavitud, el maltrato, el abuso de mujeres y hombres, el engaño… Pero yo creía que ya existían leyes que penalizaban todo esto. Trata de blancas, venta de drogas, tráfico de emigrantes, proxenetismo, amenazas, secuestro….. Delitos que deben ser tratados como tales.

Pero… ¿Y si alguien en uso de su libertad, con la moral que le dé la gana que no es asunto de nadie salvo en estados dictatoriales y fundamentalistas, quiere ganarse la vida alquilando su cuerpo como otros alquilan sus almas? ¿Los borramos del mapa? ¿Los enterramos? ¿Se lo prohibimos? ¿Con qué derecho? ¿Con qué argumento? No, desde luego, con el de la defensa de la libertad, el que utilizaron los mismos para defender divorcio y aborto. Se puede ser libre para disponer del feto propio, pero no del aparato genital propio. ¡Con dos …!

Últimamente, proliferan los grupos de extrema derecha, pero no les echaba de menos. La izquierda progresista lleva años prohibiendo cosas en aras de la libertad…. de la suya, claro.

¡Qué asco da que todos apesten a fuego de hoguera inquisitorial!

 

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DELICIAS DE SIMENON.

Pequeños pastelitos agridulces envueltos en papel añejo, pero llenos de misteriosos sabores, diminutos como granos de comino, de sabiduría de veterano, de pinceladas de vida a medio metro de distancia.

Da igual que lleven o no lleven Maigret: son pequeñas joyas de alta bisutería, tibias por dentro y por fuera, llenas de un realismo descriptivo ágil y saltarín, limpio de tópicos y de grandes palabras.

Las delicias de Simenon nos cuelgan del respaldo de la silla de enea donde se sientan los que ya han vivido y los saben casi todo mientras ven pasar las luchas de los ignorantes, de los que se creen que van a alguna parte diferente a aquella a la que vamos y por la que pasamos todos.

Un toque dulzón de fatalismo, de amargura asumida en la vida personal de Maigret, de parálisis insuperable, de inocencia convencida de ser ciencia, de derrotas y más derrotas, de perdedores de todas las partes y de todas las maneras.

George Simenon ha desaparecido del mundo del recuerdo entre los vivos hace mucho tiempo. Yo también lo había enterrado en el baúl oscuro de mi memoria, pero hace unos meses, por pura casualidad, encontré algunas de sus novelitas, de sus relatos, en una librería de viejo, me las llevé y recordé que tenía otras en algún estante y las miré y empecé a leer y releer y pude comprobar que no hace ninguna falta comer fuerte, preparar tesis o másteres ni estar a la última en nada: se le entiende perfectamente, se le degusta con total tranquilidad y deja un sabor de ironía amarga entre los dientes, de soberana maestría, de color, de olores, de cercanía humana.

Envidiable su vida de periodista, hombre de mundo, curioso, enamorado y viajero. Sus relatos y novelitas son muchos, pero no se tarda casi nada en leer alguno. Como quien se toma un petit choux en alguna terracita del rincón más bohemio de cualquier ciudad de Europa.

LO TUYO ES PURO TEATRO……

Doy vueltas y vueltas alrededor de las carteleras, como si fueran molinos de agua y yo el borrico que la saca. Y no soy capaz de hacer que chorree ni un vaso, un miserable chato de agua limpia, clara, atractiva, triunfante, gloriosa.

Me emborracho de refritos y reflexiones sobre obras, ideas y tópicos tan trillados como mis neuronas, de versiones, adaptaciones y libretos basados en algo que no es la propia originalidad del caletre de su creador. Y por otro lado, asisto asombrada y con cierto miedo a la puesta en escena de cientos de miles de obritas, supuestamente originales, llevadas a cabo por individuos solos, grupos, equipos o hermandades que se reúnen para estudiar algún proceso humano, sociológico o histórico desde su peculiar punto de vista, mezclando la danza, la música, el teatro, la pantomima y no sé cuántas cosas más.

Así, veo el nacimiento de monólogos en los que se mezclan la cocina y el chiste, a un egregio y conocido fundador del nuevo teatro cataloespañol presentándose en solitario con un título tan obvio que da cierta pena, a libretos que hablan de Jane Eyre o de Perico el de los Palotes como si hubiera necesidad de explicar nada sobre una obra, o todas las obras, de las que se han escritos miles de ensayos. Yo creía, en mi tocinera vida pasada, que los ensayos literarios, o de otra índole, se escribían, no se representaban sobre un escenario, confusión a la que me lleva desde hace bastantes años la tendencia del teatro modernito a poner en escena novelas y discursos de conocidos y premiados autores que no dejan de ser un truño, sobre todo porque ponerse las bragas encima de los pantalones no parece estéticamente aceptable, es de de poca utilidad y un sinsentido que solo se explica por el ansia de esta sociedad decadente de buscar novedades a cualquier precio. Ahora le ha tocado a 1984, de Georges Orwell, representada en el Galileo. No la he visto: nada que decir.

Acepto si a todo esto se le apellida “performance”, palabreja cursi que sirve para catalogar cualquier suceso artístico público, con toques de modernidad y/o vanguardia, que no se sepa lo que es, pero llamar teatro, con mayúsculas, a ciertas cosas que se mueven por los escenarios es, al menos, equivocarlo todo.

En el Teatro de la Comedia, el panteón de los ilustres autores clásicos, recurren a Sor Juana Inés de la Cruz y a su mejor y casi única obra de teatro (escribió solo otra más con seguridad, aparte algunos autosacramentales), pero hay cientos de obras clásicas magníficas, escritas por auténticos malandrines profesionales más muertos que carracuca y más vivos que ninguno de sus coetáneos. Sigo esperando la puesta en escena de sus obras, a mi entender más divertidas que la obra de la últimamente encumbrada monja, a quien si quitarle mérito, hay que reconocer que quizá han sido  las circunstancias y no su experiencia y bagaje teatral los que la llevan ahora a estar en boca de quien en su momento no la leería ni bajo amenaza de sometimiento a bota malaya o potro inquisitorial.

De las comedias burguesotas de siempre, facilonas y graciosas, no hablo: están ahí y tienen su sitio y su público con todo derecho mientras no intenten ser y aparentar lo que no son.

Pero en los grandes teatros, en los teatros cuyo mantenimiento pagamos entre todos debería haber más… democracia, es decir, más arte del bueno para todos, no solo obras alternativas o performances. Quizá es que los grandes autores españoles y extranjeros de rango universal resultan muy caros, quizá no hay verdadera casta entre los nuevos directores de teatro, quizá las modas ocultan el bosque…

Uno de los ejemplos más extraños que he visto es el empeño de José Carlos Plaza, también en el teatro de la Comedia, de adaptar e interpretar algo que es una reliquia del siglo XII y que no llega a los 150 versos, sin señalación de parlamentos ni distinciones posibles; la elasticidad de esos 150 versitos  ingenuos e inconexos del siglo XII es admirable, aunque cuentan con la ayuda de fragmentos de  otros refritos algo más modernos para formar el relleno, pero de donde no hay o se inventa o no se puede sacar. ¡Como si no hubiera textos en el universo para poner en un escenario de la importancia de este!

Pero parece que hay que hacer cosas nuevas, extrañas y bienintencionadas, que no molesten mucho y queden de lo más culto y snob.

Versiones enloquecidas y enloquecedoras de La casa de Bernarda Alba o de el Sueño de una noche de verano cabalgan también por los escenarios.

La última moda parece ser la de llevar al espectador a convertirse en actor y participar de juegos de rol o de escape en un teatro. Que a este paso, las famosas guerras de bolas de pintura que organizan en parcelas acondicionadas ciertos empresarios para celebrar despedidas de solteros o fiestas de empresa, se convertirán en cartelones de neón en plena Gran Vía y junto con la entrada te darán un impermeable y una metralleta de juguete para ir abriendo boca.

Y se leen explicaciones del tipo de: Adaptada por la Cía. de Teatro Paloma Mejía Martí a las formas escénicas contemporáneas, es una obra intemporal que sigue siendo un ejemplo de valor para los dramaturgos y las sociedades actuales. Que no tengo ni idea de lo que quiere decir. O esta otra: Una inquietante historia de suspense gótico, inspirada en el universo literario de Edgar Allan Poe, donde el claustrofóbico ambiente en el que se desarrolla la acción envuelve al espectador en un constante temor.

Un homenaje al teatro terror del mítico espacio Estudio 1, con guiños existenciales, donde nada es lo que parece y todos tienen algo que ocultar. 

Qué son las formas escénicas contemporáneas: ni pajolera idea. Había oído hablar de artes escénicas, espacios escénicos, géneros teatrales, manifestaciones artísticas… Pero de formas escénicas, no. Confieso mi ignorancia. Desde luego, no sé cómo se inspira uno en el universo de Poe sin poner el nombre del autor o autores por alguna parte. Porque el autor, si no es Poe, quién narices es.

Y títulos como este otro. Hey Bro! Hipster Show. El susto me ha durado un par de días, también lo confieso. Aunque la explicación estaba clara desde el principio. En esta obrita:  X interpreta a Andy que se presenta en el escenario  como un ángel de la modernidad para contar su odisea hipster en Nueva York de la mano de Isabel Coixet y Björk. Te dará la clave para decorar tu loft y cultivar en tu azotea un huerto ecológico; consejos para relacionarte con lo gente más “must” del momento; viajar a lugares remotos en busca de inspiración en la moda, el diseño y el cine de autor. X de nuevo se desdobla, se triplica y se quintuplica en variopintos personajes en situaciones absurdas y románticas, satíricas y sorprendentes. Un show divertidísmo y cool, con malabares cósmicos, barbacoas vegetarianas y música en directo donde nuestro Hipster nos mostrará su lado más poético e intimista. Embarcaté en este viaje a la modernidad con mucho Arty, mucho Creativity y sobre todo muchas risas. Be Cool Bro!!

Pues ahora ya lo entiendo y puedo invertir los 12 euros en un menú de barrio, unos canapés de salmón o una rica sobremesa de café en terracita cubierta.

Así que entre performances en teatros públicos y privados, adaptaciones y versiones de obras antiguas, muy muy antiguas, monólogos de magos, cocineros, actores y demás personajes y comedias bobotas para pasar el rato, no encuentro una obra grande, enorme, hermosa que echarme a la boca. Seguiré alimentándola con vermut de grifo y patatas bravas. Me resulta hoy por hoy mucho más placentero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ALENTEJO: COSITA FINA.

¡Un huracán!¿Te has librado?, me decía mi amiga por whatsap, y sí, prácticamente me había librado. El aguacero de mil demonios con viento huracanado y apagón cortito de luz no había dejado más huella en la aldeita portuguesa.

Una casita recargada de todo tipo de utensilios y adornos florales, de bronce, de lazos, de maderas nobles, de juegos de café de porcelana… A precio de ganga. Y la luna, la media luna, vigilando por encima de la balaustrada de la terraza desde la que, como si fuera un regalo de algún cineasta, se veían recortados el castillo y las murallas de Monsaraz. Un hermosísimo pueblo del Alentejo portugués, dicen que el más bonito, tan perfecto, reconstruido, moderno, fashion y turístico como el bendito Patones de arriba. Calles empedradas y limpias como una patena, chinos enloquecidos por todas partes pintando los rincones del pueblo, muchas iglesias para tan poco pan, un castillo tan reconstruido, limpio y preparado como el mismo pueblo, la muralla y las calles lavadas con Perlan. Y no es que no me gustase el pueblo, que me gustó, pero tanta limpieza, tanta belleza y tanta modernidad juntas me producen una sensación profunda de engaño amargo, de puesta en escena, de preparación al parto con cesárea programada. El pueblo entero, piedra a piedra, nos estaba esperando, a nosotros y al resto de turistas molones y progres que se paseaban por sus calles a costa de acabar con los tobillos rotos. Nos esperaban, no me cabe la menor duda. Me fui con la sensación de que apagarían las luces y caería el telón en cuanto le diéramos la espalda a la puerta de la muralla.

Sin embargo, en el super del pueblo cercano había portugueses que hablaban en una lengua mucho más difícil y cerrada que el chino y que no entendían ni jota de español a pesar de estar abrazados a Badajoz casi por obligación. Cerrados, fríos y observadores, no nos esperaban en absoluto ni tenían algunas de las viandas que andábamos buscando. Los pillamos de improviso, en su salsa portuguesa tan rústica, tan frontal, tan incomprensible, con las alpargatas y el delantal puestos, el cansancio del trabajo diario y muy pocas ganas de confraternizar. Y me gustó la cata, no digo más.

 

Los dólmenes y cromlech que salpican los campos de estos pueblos tampoco esperaban a nadie, de hecho, nadie parecía haberse enterado de que estaban allí, al sol, inmóviles, esperando que los turistas españoles les hicieran fotos con abrazo sensual, sin que se notasen demasiado los costurones de cemento en sus huesos prehistóricos.

 

Y la playa fluvial de Monsaraz, tan bonita, montada para imaginar que es un mar interior, diminuto y caliente el que te besa los pies de otoño. Muy mal servicio en el chiringuito: los chavales no tenían ganas de moverse mucho y no hablaban español, pero las instalaciones eran perfectas, agradables y espaciosas, no quiero imaginar aquello en pleno verano, y el paisaje, que no creo que nos estuviera esperando, es extraordinariamente bello.

 

De vuelta a la casita de chocolate, la noche se volvía silenciosa, salvo por los condenados y diminutos  perros guardianes… de la nada. Vinos del Alentejo, unos buenos y otros malos, miel, aceite y el untuoso y oloroso queso de cabra que se derrite en cuanto le das un beso.

 

Évora nos dejó con ganas de verla más y mejor, olorosa de recuerdos italianos, romana y señora, cargada de sombras y de viento y al pasar por Mérida, no pudimos dejar de admirar la hermandas clásica de sus ruinas, sus templos y su arco de Trajano, allí, solitario y perdido tras las terrazas repletas de jovencitos maqueados y dispuestos a comerse la noche.

 

Tenemos que volver cuando la luna esté tan limpia como las calles de Monsaraz y los corazones tan tibios como el agua del Guadiana en su albufeira portuguesa. Querido portugal.

 

 

 

 

 

BICHOS IRRACIONALES.

Estaba sentado en una curva imposible: se agachaba sobre un aparato que sujetaba con ambas manos y al que miraba sin pestañear haciendo extraños gestos de perfil variable, pero sin mover un solo músculo del resto de un cuerpo delgaducho y joven del que sobresalía una pierna que cruzaba sobre la rodilla de la otra en forma de escuadra, desinhibido y sin darle la menos importancia al espacio que se comía del asiento de al lado.

Y al lado se sentó una chica rubia de cabello lacio y dientes de conejo que se empeñaba en lucir doblando el labio superior, o similar, en un rulo que escondía contra las encías. Era fea, descaradamente fea, joven y con unos pendientes que no se llevan desde que mi madre era adolescente: no era española, aunque hablaba español… y a grititos, con una compatriota, supongo, que decidió no sentarse a su lado, aunque había asientos libres, sino enfrente, con lo cual, mantenían un diálogo de patio con el pasillo por medio por voluntad propia. Daba lo mismo, entre el ruido ambiente y los cascos que todos llevaban puestos a modo de orejeras, no debían de entender gran cosa del animado cotilleo que se traían las dos.

De pronto, como sacado de un película de Jorge Negrete, entra un mariachi, con el sombrero en la mano guardado en una bolsa de tela y el resto de la indumentaria a punto de reventar: el mariachi tenía unos cuantos años de más, estaba casi caducado vamos, y ya no le abrochaban los botones dorados sobre la barriga tremenda que ceñía una talla de metro cincuenta como mucho; pelo ralo, teñido, ojos y nariz de indio y un terrible color de cera verde en su piel, como si le hubieran maquillado para hacer una película de vampiros. Me dio miedo y pena. Y a él le debía de dar lo mismo, porque miraba como un besugo a diestro y siniestro hasta que se sentó y se abotonó dos párpados como dos bizcochos borrachos.

El hombretón que había entrado antes tenía un buen cuerpo de veintimuchos, pelo cortado a navaja muy bonito y un librazo de esos de arquitectura o pintura, con foticos a la izquierda y texto a la derecha, como un catálogo de los caros. Lo miraba arrobado, sin cascos, cosa que me extrañó, y acabo sentándose al lado de la mujer conejo. De repente, estornudó dos veces, con agudo de mujeruca, discreto y tibio, y sus ojos se cruzaron con los míos y ambos sonreímos, y entonces me di cuenta de que tenía el labio leporino y unos ojos cortados a la mitad por párpados misteriosos y con el borde de abajo bien visible: ojos de asesino.

Mientras tanto, la niña mulata llamaba a su madre desde este lado del pasillo y la madre, con una coleta escuálida en todo lo alto, cerraba los ojos para no contestarla. Se notaba que comía demasiado, que estaba cansada, envejecida y harta de algo, o de todo, porque no le importaba nada a pesar de tener enfrente al padre de la niña, otro mulato, pero presumido, guapo y bien arreglado que confortaba a la enana para que se sintiera feliz.

El chino de las gafas estaba ensimismado en sí mismo y no se sentaba: quizá tenía miedo de algún contagio. Dos latinos dormitaban y olían a alcohol y a obra, sin enterarse de que aquel loco pedía dinero para comer porque tenía varios hijos a quien alimentar y todos vivían en la puta calle.

Yo miraba alrededor sin saber qué hacer. Temí ser engullida por el asesino de labio leporino y máster en arquitectura, o que el mariachi se despertase y sacase el guitarrón para marcar el paso o que la mulata se cabrease por los gritos de la niña, que la llamaba mamá con toda confianza, y se liara a hostias con quien pillase más cerca. Las argentinas seguían gallineando como si el mundo no fuera a acabarse nunca y el chino empezó a mirarme con cara de sospecha….

Una voz de ultratumba metálica anunció “Próxima estación, Pirámides”. Salí por patas.

NOTA.: Steve Cutts es el autor de las dos ilustraciones que acompañan el texto. Talento y sarcasmo a manos llenas: http://www.stevecutts.com/

CASTILLA, DE SOL Y SOMBRA.

Ni dios entre la piedra y el sol duro y seco como un enorme soplete. Ni dios en las escaleras del castillo, de puro PVC de tan nuevo y moderno, ni dios en los jardincillos ni en las tiendas de recuerdos y productos artesanales. Dios no estaba el otro día.
La meteorología mentía esta vez: podría llover, quizá tormentas. Pero no, sol de justicia y no había manera de dar un paso sin ser la fuente porosa más grande del pueblo. A la otra, la pequeña fuente de agua potable debajo de un arbolito, acudían las avispas como moscas.
Y en la rotonda completamente nueva, el espectáculo más increíble : las murallas nuevas de un castillo viejo, tan viejo que es un joya histórica, o era, era una joya. Ahora, sinceramente, no sé lo que es. El diseño moderno y minimalista, creo, de piedra gris y cemento con que se ha rellenado el vacío del tiempo le hacen parecer, de lejos, un pastiche urbano, aborto de esos alcaldes que buscan rellenar huecos con paneles de piedra para ganar votos. No sé quién se lleva el dinero de la constructora, el constructor espero, pero que están llenos los pueblos de las antiguas Castillas de monumentos remozados a golpe de cemento y piedra gris en enormes cantidades, no hay necesidad de recordarlo: se tiran a los ojos a lo largo de la carretera como hijos sin madre, como herederos legítimos de la desidia.
Y en casi todos, por no parecer soberbia, se ofrece la visita guiada y teatralizada por una módica cantidad. Historietas graciosas representadas por…., no tengo puñetera idea, disfrazados de señores feudales, bufones o mozas del cántaro.
Y los puentes, más solitarios que Maki Navaja y los turistas más escasos que la calva de Zidane. Algunas tiendas casi escondidas ofrecían los dulces y los quesos tradicionales, el vino y las rosquillas mezclados con toda suerte de fruslerías y envoltorios industriales, bebidas frías para llevar y música ambiental del año de la Tana. Pero no había clientes: el calor los espantaba, y dado que no eran más de treinta los pocos zombies que pululaban por el pueblo, no daban para llenar tanta tienda vacía tostándose al sol.

La comida estaba sosa, tuvimos esa mala suerte, pero el vino, no, también tuvimos esa buena suerte, y saliendo de aquel pueblo de la desgracia soleada, topamos con otros, uno de ellos, lleno de vejetes marchosos, echados a la calle a pasar la tarde y la noche quemando el pueblo y partiendo la pana. Un verdadero espectáculo.
Y los campos relucían dorados, amarillos de incendio, sin un solo verdor que echarse a la boca, planos como pecho de doncella.
Pero a la vuelta, el meteorólogo acertó y de camino al sur, estalló la tormenta más grande que he visto en mi vida. Los ríos de agua llenaban lo que hasta entonces habían sido placas de asfalto y las olas de agua sucia subían hasta alturas inconcebibles, todo desbordaba, las gotas enormes golpeaban con saña y en unos minutos, la inundación de lo amarillo se convirtió en pura realidad.
Calados hasta los huesos, con los ojos abiertos como lentillas de colores, llegamos a casa, sorprendidos, incapaces de asimilar tanta contradicción, tanta locura, tanto cambio, tanta violencia sobre la paz del desierto.
La sonrisa de adolescente que esconde una gamberrada aleteaba por los rostros de los viajeros canosos. Nos habíamos calado a modo de Carmen Maura y su riégame, pero peor.
Y habíamos visto las terrazas llenas de castellanos tranquilos, defendiéndose del sol, con los coches brillantes a la puerta y las gafas de sol de marca en las mejillas, sobreviviendo en el desierto de Castilla. No es bueno el crudo verano para subir, pero seguro que cuando las tormentas dejen paso a la lluvia buena, habrá ocasión de encontrar a los viejos gamberros poblando las aceras y de comprar rosquillas y queso de la tierra, de la tierra del desierto del más acá.

DE CURRÍCULOS ACADÉMICOS Y PROFESORES ABYECTOS.

Hubo una vez un profesor cruel, muy cruel, malvado y exigente que no permitía que ninguno de sus alumnos faltase a clase so pena de suspender la asignatura.
Tampoco aceptaba trabajos caseros para calificar asignaturas que exigian pruebas objetivas.
No llegaba tarde ni admitía que sus alumnos lo hiciesen y no toleraba que en su clase se charlase amigablemente mientras él explicaba sintaxis o gramática del texto.
Los padres le odiaban porque era una barrera insalvable por encima de la cual ningún chaval, por muy hijo de la presidenta del AMPA que fuera o del mismo gobierno de la nación, podían pasar. Protestaban ante la inspección y esta también le odiaba porque obligaba a los funcionarios inspectores a molestarse, ir al centro, revisar, atender, escuchar protestas y, al final, tener que admitir que el profesor cruel cumplía estrictamente la legislación.
Y es que ninguno de sus alumnos sabía escribir correctamente ni entendía una mierda de los textos literarios o no que se le presentaban, pero mientras que los demás profesores hacían la vista gorda, él se negaba a pasar por el aro de aquella amigabilidad y aquel colegueo que se había instalado en el mundo de la enseñanza desde hacía tiempo.
No aceptaba que la presión de un concejal hiciera posible el aprobado de su hijo ni que la demagogia de amor a los emigrantes permitiera que un alumno de origen rumano se examinara fuera de plazo para poder alargar las vacaciones en el país de origen.
No admitía trabajitos para subir nota ni, mucho menos, recensiones, ejemplos, redacciones o cualquier otra pamema a cambio de las notas obtenidas de la aplicación estricta, sin contar la ortografía desde luego, de los criterios establecidos para la corrección de las pruebas.


Soportó el ataque traicionero y malvado, las amenazas y la persecución de compañeros, padres y alumnos durante muchos años y nunca se rindió. La mayoría, al tiempo que le odiaban, sentían un inmenso respeto, hay quien le llamaba miedo, hacia él, pero su trabajo, tan querido, fue a veces convertido en un infierno por la corrupción de los que le rodeaban, empeñados en conseguir papeles sellados y timbres que no respondían a realidad alguna en lugar de exigirle que formara e informara a los chavales en la responsabilidad, el conocimiento, el esfuerzo, la justicia, la ética…

Luego, algunos de aquellos chavales cargados de títulos inmerecidos llegaron a ser ministros, alcaldes, concejales, gobernadores y hasta presidentes del gobierno y… periodistas.
Y poca gente se dio cuenta de que no sabían gran cosa, de que hablaban y se expresaban con ninguna corrección, que desconocían la ética y la moral en la teoría y en la práctica, que no sabían casi nada de historia y que no manejaban con soltura el significado de palabras  como dimisión, coherencia y justicia, entre el millón de carencias, defectos y deformaciones con que se habían educado.
Y no pasó nada. El profesor malvado acabó jubilándose y observando desde lejos y con cierta tristeza los frutos de un mundo académico corrompido.
Su único consuelo, su gran consuelo, es que jamás se sentaron en sus aulas Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Luis Roldán, Elena Valenciano, Joana Ortega, Tomás Burgos, Carmen Montón, Celestino Corbacho, José Blanco, Bernat Soria, Patxi López, Miguel Ángel Gutiérrez Vivas, César Zafra, Juan Merlo, Gema Igual, Estela Goikoetxea, Pilar Rahola, Carles Puigdemont, …. ni muchos otros falsificadores de antecedentes: los hubiera suspendido una y mil veces.
¡Con estos mimbres……..!